Zona neutra, refugio, que no huida.¿O siempre que buscamos refugio es porque huimos? Escondite, ocultamiento, ocultación, fuga,escapada,desaparición, enclaustramiento, deserción, sustracción, disimulo, mimetismo, encubrimiento, simulación, embozo...
Lugares que permiten vivir sin esfuerzo interior. Sin dar explicaciones. En los que no hay que cumplir expectativas ni ajenas ni propias. Lugares que alimentan el impulso vital. Que arropan. Lugares no exentos de melancolía.
Lugares físicos para hacer palpable la indefensión que nos habita, para conjurar la indefensión que nos debilita, para fortalecernos ante la indefensión que nos recuerda nuestra debilidad.
No necesitamos conocer el conflicto interior de Louki del que habla María para comprender su necesidad de huida o de reencuentro de sí misma. Tarde o temprano, demasiado temprano demasiadas veces, hacemos ese mismo viaje. Y, demasiadas veces quizá, el sufrimiento que produce se podría evitar con un poco de litio como bien señalas, Jesús.
martes, 30 de diciembre de 2014
viernes, 26 de diciembre de 2014
Misterio
Ya habéis dicho mucho antes. Intentaré no repetir sino para añadir. Los narradores son cuatro, pero la voz parece la misma, por eso te sorprende el paso de un capítulo a otro, pasan unas líneas hasta que sabes quién habla.
Y todos los nombres de los personajes principales son apodos o falsos o no los sabemos nunca, como el de Roland y el del estudiante de Minas, que empieza narrando la historia (es lo primero que te preguntas, ¿quién está hablando?) y sólo al final del capítulo sabes que es estudiante de Minas, pero no tiene relevancia en la historia, y no vuelve a salir hasta el final del libro: "Una noche, acompañamos Louki y yo, por esta zona, a un chico de nuestra edad a quien habíamos conocido en Le Condé".
La novela está buscando rodear a Louki, desde los lugares por donde pasa, los amigos que la conocen, incluso lo que ella misma nos cuenta en mitad de la novela. Pero lo importante sigue oscuro, las grandes preguntas, sin respuesta. Porque no encuentra su lugar, "la vida de verdad no era eso, decía". ¿Pero qué es? ¿Alguno lo sabe? Y, si se cree saber, ¿cómo se alcanza?
"Se dicen tantas cosas... Y, luego, las personas desaparecen un buen día y te das cuenta de que no sabías nada de ellas, ni siquiera su auténtica identidad."
No recuerdo ninguna rareza explícita de Louki, ningún defecto físico o mental; una infancia sin padre y sin más familia que una madre que trabaja de noche y la deja sola no tiene porqué ser peor que una infancia en una familia "normal" con constantes discusiones y falta de cariño. Pero ella no está a gusto en este mundo, no encuentra a nadie que la haga cerrar los ojos a lo que sus ojos ven y consiga que participe en la alegría de vivir. (Quizá todo por falta de litio o cualquier oligoelemento, que tantas veces son responsables de nuestra conducta, ¡ay! )
"No hay nada que entender... Cuando de verdad queremos a una persona, hay que aceptar la parte de misterio que hay en ella... Porque por eso es por lo que la queremos..."
Y todos los nombres de los personajes principales son apodos o falsos o no los sabemos nunca, como el de Roland y el del estudiante de Minas, que empieza narrando la historia (es lo primero que te preguntas, ¿quién está hablando?) y sólo al final del capítulo sabes que es estudiante de Minas, pero no tiene relevancia en la historia, y no vuelve a salir hasta el final del libro: "Una noche, acompañamos Louki y yo, por esta zona, a un chico de nuestra edad a quien habíamos conocido en Le Condé".
La novela está buscando rodear a Louki, desde los lugares por donde pasa, los amigos que la conocen, incluso lo que ella misma nos cuenta en mitad de la novela. Pero lo importante sigue oscuro, las grandes preguntas, sin respuesta. Porque no encuentra su lugar, "la vida de verdad no era eso, decía". ¿Pero qué es? ¿Alguno lo sabe? Y, si se cree saber, ¿cómo se alcanza?
"Se dicen tantas cosas... Y, luego, las personas desaparecen un buen día y te das cuenta de que no sabías nada de ellas, ni siquiera su auténtica identidad."
No recuerdo ninguna rareza explícita de Louki, ningún defecto físico o mental; una infancia sin padre y sin más familia que una madre que trabaja de noche y la deja sola no tiene porqué ser peor que una infancia en una familia "normal" con constantes discusiones y falta de cariño. Pero ella no está a gusto en este mundo, no encuentra a nadie que la haga cerrar los ojos a lo que sus ojos ven y consiga que participe en la alegría de vivir. (Quizá todo por falta de litio o cualquier oligoelemento, que tantas veces son responsables de nuestra conducta, ¡ay! )
"No hay nada que entender... Cuando de verdad queremos a una persona, hay que aceptar la parte de misterio que hay en ella... Porque por eso es por lo que la queremos..."
Louki versus Jacqueline
Louki/Jacqueline
“No me llamaba Louki, sino
Jacqueline”.
Siempre he pensado que lo que
nombramos y cómo lo nombramos influye de
alguna manera en nuestra forma de ver el mundo. Las lenguas se constituyen como
un modo de entender la realidad; no son
exclusivamente vehículos de comunicación,
sino instrumentos de transmisión de nuestras percepciones
culturales. Recuerdo que en un curso
sobre feminismo y educación se nos planteaba la necesidad de nombrar a las
chicas en las aulas porque lo que no se nombra no existe. Esta afirmación chocó
frontalmente con mis principios de economía lingüística pero me hizo
reflexionar profundamente sobre el tema.
Por eso, cuando los parroquianos
del Le Condé “rebautizan” a Jacqueline (-se me hace raro referirme a ella así),
no he podido dejar de pensar que ya se había producido en ella un cambio
sustancial. ¿Qué diferencias hay entre Jacqueline y Louki? ¿Y que supone este
cambio de nombre? Supongo que os habréis dado cuenta, pero Louki, recuerda al
término anglosajón “lucky” –que traduzco
por afortunada– y, sin duda, supone un soplo aire fresco para la protagonista.
Extraigo dos citas.
“[…] A partir de ahora te llamarás
Louki. Y según iba pasando el rato y todos la llamaban Louki, creo que sentía
alivio por tener ese nombre nuevo […]”
¿Creía en serio que un nombre y
una dirección bastarían, andando el tiempo para recuperar el hilo de una vida?
¿Y sobre todo que bastaría con un nombre que ni siquiera era el de verdad?
Personalmente, Louki me ha
cautivado, pero nunca pensé en que escogiese ese fatal desenlace. ¿O quizá no
lo escogió? Simplemente se dejó llevar. (“Ya está. Déjate ir”). Para ella el
cambio de nombre no fue suficiente…
miércoles, 24 de diciembre de 2014
En el café de la juventud perdida, primeras opiniones
Está visto que la
discreción dificulta que empecemos a comentar la obra ¡Ánimo, amigos, no seáis
tímidos!
Propongo un comienzo
¿Qué es lo que más os ha gustado de ella? Así, a partir de ahí, podemos empezar
a matizar y a discutir (obviamente en el buen sentido del término)
discutir.(Del lat. discutĕre, disipar,
resolver).
1. tr. Dicho de dos o más personas: Examinar atenta y
particularmente una materia.
A mí me ha resultado
muy sugerente el título, en primer lugar por la elipsis del verbo (no es la
acción lo más importante del contenido), en segundo, porque los lugares son
parte fundamental de la obra y, en tercero, por el adjetivo “perdida” que dota
al sustantivo de una pluralidad de matices muy interesantes. Me parece una
palabra clave en la obra.
Pero lo que más me ha
gustado ha sido la multiplicidad de narradores, desde el joven estudiante de
Minas hasta el enigmático “detective” Pierre Caisley. Todos ellos presentan
misterios propios, aunque su objetivo común sea entender/ encontrar/ recordar a Jaqueline- Louki, la “voz” central de la
obra, que influye en lugares y personas
a pesar de intentar pasar desapercibida.
¡Venga, no hace falta escribir mucho! Sólo lo primero que os sugiere el recuerdo del libro de Modiano.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Zonas Neutras
Como dice María, la
idea de las zonas neutras es interesante y la ambigüedad con
que son definidas permiten que juguemos con ellas. Porque la clave es
la inmunidad, el anonimato, no ser herido, no ser percibido (1).
En la novela se señalan tres zonas neutras: las calles Argentine, Saigon y Chalgrin; las calles desiertas antes de L'Arsenal; y “la glorieta de Cambrone y el barrio entre Ségur y Dupleix, todas esas calles que iban a dar a las pasarelas del metro elevado”. Bueno, y la “frontera” que parte el cementerio en dos, la de la foto en blanco y negro. Las señalo en este mapa.
Creo que son "sus" zonas neutras porque uno se refugia en una de estas zonas para escapar de algo, para empezar una nueva vida. En París son más fáciles de identificar porque está lleno de singularidades, y así se pueden definir por exclusión. No van a ser las señoriales del XVI, los grandes bulevares, la isla de San Luis o de la Cité, el Marais, etc. etc., quedan lugares más desangelados, pero no tanto como para poder caracterizarlos como barrios obreros o artesanos, se me ocurren Belleville, Saint-Ouen. Creo que las zonas neutras son anodinas, pero ¿para quién? Si Louki nace en Montmartre y quiere escapar de allí, se va a Neuilly, que es lo opuesto, pero cuando escapa de Neuilly se va a Odeón, aunque en compañía de Roland no le importa acercarse a Neuilly, y cuando quieren una nueva vida van al otro extremo y llegan hasta República.
Quizá Roland habría dicho que nuestra calle, rue Saint-Saëns, estaba en una zona neutra, daba al metro elevado, pero no lo fue para nosotros. Quizá si se busca escapar de algo se intenta ir lejos o donde menos te conozcan. Lo que puede que le añada valor a la zona neutra es que por ella solo pasen los vecinos y así sea más difícil que te reconozcan.
En Santander es imposible escapar, esconderse y, como en lo arquitectónico no destaca, es más difícil elegir ─quizá las travesías que dan a Canalejas─. Esta mañana hice estas fotos:
En la novela se señalan tres zonas neutras: las calles Argentine, Saigon y Chalgrin; las calles desiertas antes de L'Arsenal; y “la glorieta de Cambrone y el barrio entre Ségur y Dupleix, todas esas calles que iban a dar a las pasarelas del metro elevado”. Bueno, y la “frontera” que parte el cementerio en dos, la de la foto en blanco y negro. Las señalo en este mapa.
Creo que son "sus" zonas neutras porque uno se refugia en una de estas zonas para escapar de algo, para empezar una nueva vida. En París son más fáciles de identificar porque está lleno de singularidades, y así se pueden definir por exclusión. No van a ser las señoriales del XVI, los grandes bulevares, la isla de San Luis o de la Cité, el Marais, etc. etc., quedan lugares más desangelados, pero no tanto como para poder caracterizarlos como barrios obreros o artesanos, se me ocurren Belleville, Saint-Ouen. Creo que las zonas neutras son anodinas, pero ¿para quién? Si Louki nace en Montmartre y quiere escapar de allí, se va a Neuilly, que es lo opuesto, pero cuando escapa de Neuilly se va a Odeón, aunque en compañía de Roland no le importa acercarse a Neuilly, y cuando quieren una nueva vida van al otro extremo y llegan hasta República.
Quizá Roland habría dicho que nuestra calle, rue Saint-Saëns, estaba en una zona neutra, daba al metro elevado, pero no lo fue para nosotros. Quizá si se busca escapar de algo se intenta ir lejos o donde menos te conozcan. Lo que puede que le añada valor a la zona neutra es que por ella solo pasen los vecinos y así sea más difícil que te reconozcan.
En Santander es imposible escapar, esconderse y, como en lo arquitectónico no destaca, es más difícil elegir ─quizá las travesías que dan a Canalejas─. Esta mañana hice estas fotos:
La segunda podría cumplir también los requisitos de la novela, pero para mi historia es todo lo contrario, pocas calles son más importantes ─mi querida maestra de primaria, doña María─. Cada uno de vosotros podría separar así sus zonas. Y la siguiente la hice hace unos días con la idea de fotografiar (sin retocar, directamente en blanco y negro, a la antigua) lugares que puedan despertar emociones.
Conoceréis
Wakefield, de Hawthorne, según Borges "acaso uno
de los mejores relatos de la literatura". Para ocultarse no hace
falta irse muy lejos, a una zona neutra. Aunque parezca mentira, lo
que sigue no es un resumen sino el comienzo del relato. Incluso ante
un tema tan sorprendente, no es lo que más importa. El relato tiene
10 páginas.
"Recuerdo una historia que apareció en cierta revista o periódico viejo contada como verdadera y que trataba de un hombre —llamémosle Wakefield— que desapareció de la vida de su mujer durante un largo periodo de tiempo. El hecho expuesto de esta forma resumida no es demasiado infrecuente, así como tampoco debe ser condenado —sin un adecuado juicio sobre las circunstancias— por desvergonzado o disparatado. De cualquier modo, éste, aunque se encuentra lejos, es el más extraño de entre los de delincuencia marital de que se tiene noticia. Y más aún: se trata de la extravagancia más notable de todas las que se pueden encontrar en la lista de los despropósitos humanos.
La pareja conyugal vivía en Londres. El hombre, con el pretexto de que se marchaba de viaje, alquiló habitaciones en la calle colindante con la de su propia casa y allí, sin que su mujer o sus amigos lo supieran y sin la más mínima sombra de razón para tal autodestierro, vivió durante más de veinte años. Durante todo ese tiempo vigiló su casa día a día y a la abandonada señora Wakefield con frecuencia. Y después de tan gran laguna en su felicidad matrimonial —cuando su muerte fue estimada como cierta, su patrimonio saldado, su nombre licenciado de la memoria y su esposa llevaba ya tanto y tanto tiempo resignada a su viudez otoñal— entró por la puerta una tarde, tranquilamente, como si sólo hubiera estado ausente un día, y se convirtió en un amante esposo hasta su muerte."
NOTA
1. Gran digresión, pero no puedo resistirme: de Borges, mi primer maestro literario (respuesta a Vane) aprendí en uno de sus cuentos más perfectos (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius) la existencia de un tal obispo Berkeley, filósofo cuya enseñanza puede resumirse en la frase "Esse est percipi" (Ser es ser percibido). La Física Cuántica parece darle la razón: Incertidumbre de Heisenberg, Gato de Schrödinger.
"Recuerdo una historia que apareció en cierta revista o periódico viejo contada como verdadera y que trataba de un hombre —llamémosle Wakefield— que desapareció de la vida de su mujer durante un largo periodo de tiempo. El hecho expuesto de esta forma resumida no es demasiado infrecuente, así como tampoco debe ser condenado —sin un adecuado juicio sobre las circunstancias— por desvergonzado o disparatado. De cualquier modo, éste, aunque se encuentra lejos, es el más extraño de entre los de delincuencia marital de que se tiene noticia. Y más aún: se trata de la extravagancia más notable de todas las que se pueden encontrar en la lista de los despropósitos humanos.
La pareja conyugal vivía en Londres. El hombre, con el pretexto de que se marchaba de viaje, alquiló habitaciones en la calle colindante con la de su propia casa y allí, sin que su mujer o sus amigos lo supieran y sin la más mínima sombra de razón para tal autodestierro, vivió durante más de veinte años. Durante todo ese tiempo vigiló su casa día a día y a la abandonada señora Wakefield con frecuencia. Y después de tan gran laguna en su felicidad matrimonial —cuando su muerte fue estimada como cierta, su patrimonio saldado, su nombre licenciado de la memoria y su esposa llevaba ya tanto y tanto tiempo resignada a su viudez otoñal— entró por la puerta una tarde, tranquilamente, como si sólo hubiera estado ausente un día, y se convirtió en un amante esposo hasta su muerte."
NOTA
domingo, 14 de diciembre de 2014
Lugares 4 y 2 Paseos
Perdonadme el regodeo, pero he vivido 6 años en París, (quizá sea lo más envidiable de mí ─me salía enDIABLE, jeje─) y, repito, aunque ahora sea un blog público, sólo lo leen 6 amigos, así que...
Unas fotos, siempre elegidas para dar la impresión que quiero, de unos pocos sitios de los últimos capítulos, relacionados con la historia de "compañía" de Louki, pero muy cercanos a mí también.
El primer recorrido lo hacen andando hasta Bir-Hakeim. El puente de Bir-Hakeim, nuestro metro, para hacer tantas veces dos trayectos, al Liceo con exacto recorrido al de ellos, línea 6 hasta Étoile y transbordo a línea 1 hasta Sablons. Y otro parecido para llevar a Elisa al Colegio de la rue de la Pompe.
L'allé des Cygnes, una isla larga y estrecha en medio del Sena, que comienza en el centro del puente y llega hasta una pequeña réplica de la Estatua de la Libertad frente al Pont Mirabeau. (Sous le pont Mirabeau coule la Seine/ Et nos amours/ Faut-il qu'il m'en souvienne/ La joie venait toujours après la peine)
El segundo paseo les lleva desde el hotel de Roland (rue Argentine) hasta el hotel en donde sueñan con sus vidas juntos. Bajan por los Campos Elíseos, y se detienen en Palais Royal, uno de los sitios más agradables de París y no demasiado conocido.
Y entre otros lugares que menciona la novela, voy a terminar con esta calle que da a dos muros que parten en forma asimétrica al cementerio de Montparnasse, y por donde iba Louki a su hotel de la calle Cels, donde termina la novela. "Ça y est. Laisse-toi aller."
Este mapa (deteneos un rato en él, es el primero que hago) señala lugares y paseos. Espero que os haya gustado la novela que empezamos a comentar mañana (espero...).
(Compagnons des mauvais jours je vous souhaite une bonne nuit et je m'en vais)
[Habrá que ir a París, Vane, el niño tiene que conocerlo pronto.]
jueves, 11 de diciembre de 2014
Memoria
De burgemeester heeft ons iets misdaan,
Wij leerden, door zijn schuld, het leven haten.
¿Quién no conoce de memoria estos famosos versos, y en su lengua original? (Podéis usar el Traductor de la derecha ─de la página─.) Jan van Nijlen fue un poeta y ensayista belga del siglo XX en lengua flamenca. (Traduzco lo poco que viene en la Wikipedia francesa, porque a veces hablamos así de lo que conocemos y apreciamos y los demás ignoran: "Influido por Karel van de Woestijne, desarrolló enseguida un estilo más simple, tintado a veces de ironía. Su obra, muy apreciada en los Países Bajos fue coronada en 1963 con el premio Constantijn Huygens." Ay, esos adjetivos. Un recuerdo a Huygens hijo, por empezar a hablar de ondas.)
Pero vamos en sentido contrario. ¡Jugar a decir versos de memoria! (Ya lo hacían en el Japón del siglo X, María que ha leído el Genji lo sabe.) ¿Quién sabe ahora versos de memoria? ¿Y por qué en mi generación nos harían aprender 'Con 10 cañones por banda...'? Precisamente ese poema. Y sólo ese. Ahora la memoria (y el saber) está en el aparato. Estoy seguro que muchos alumnos disfrutarían si aprendieran algunos poemas de memoria. Lo comprobé todos estos años haciéndoles saber la Tabla Periódica de los Elementos (por cierto, una de las mayores maravillas de la Humanidad.)
Peor es que no reconozcamos de inmediato estos otros:
Yo quería quedarme con el que sigue, porque creo que pocos poetas reúnen lo que Yeats:
I hear the Shadowy Horses, their long manes a-shake,
PIDE A SU AMOR QUE ESTÉ EN PAZ
Oigo los Caballos Sombríos, que agitan sus crines,
tumultuosos sus cascos, cabrilleantes sus ojos;
el norte se despliega sobre ellos, la noche que se arrastra,
el este ha ocultado la alegría antes que despunte el alba,
el oeste solloza bajo el pálido rocío y suspira al desaparecer,
el sur derrama rosas de fuego carmesí;
oh vanidad del Dormir, de la Esperanza, el Sueño y el constante Deseo,
los Caballos del Desastre se abalanzan en el barro:
amada, entrecierra los ojos, y que lata tu corazón
sobre el mío, y que tu pelo caiga sobre mi pecho
ahogando la hora solitaria del amor en un hondo crepúsculo de paz
y ocultando sus crines al viento y sus patas tumultuosas.
(Traducción de Antonio Rivero.)
Wij leerden, door zijn schuld, het leven haten.
¿Quién no conoce de memoria estos famosos versos, y en su lengua original? (Podéis usar el Traductor de la derecha ─de la página─.) Jan van Nijlen fue un poeta y ensayista belga del siglo XX en lengua flamenca. (Traduzco lo poco que viene en la Wikipedia francesa, porque a veces hablamos así de lo que conocemos y apreciamos y los demás ignoran: "Influido por Karel van de Woestijne, desarrolló enseguida un estilo más simple, tintado a veces de ironía. Su obra, muy apreciada en los Países Bajos fue coronada en 1963 con el premio Constantijn Huygens." Ay, esos adjetivos. Un recuerdo a Huygens hijo, por empezar a hablar de ondas.)
Pero vamos en sentido contrario. ¡Jugar a decir versos de memoria! (Ya lo hacían en el Japón del siglo X, María que ha leído el Genji lo sabe.) ¿Quién sabe ahora versos de memoria? ¿Y por qué en mi generación nos harían aprender 'Con 10 cañones por banda...'? Precisamente ese poema. Y sólo ese. Ahora la memoria (y el saber) está en el aparato. Estoy seguro que muchos alumnos disfrutarían si aprendieran algunos poemas de memoria. Lo comprobé todos estos años haciéndoles saber la Tabla Periódica de los Elementos (por cierto, una de las mayores maravillas de la Humanidad.)
Peor es que no reconozcamos de inmediato estos otros:
Como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados
Yo quería quedarme con el que sigue, porque creo que pocos poetas reúnen lo que Yeats:
I hear the Shadowy Horses, their long manes a-shake,
Sus poemas pueden leerse sin demasiada dificultad, pero también entrando y entrando en ellos, su voz siempre parece que te habla o que es un amigo el que habla. Y su ritmo (en inglés) parece tan medido y seguro como una sonata intermedia de Beethoven.
PIDE A SU AMOR QUE ESTÉ EN PAZ
Oigo los Caballos Sombríos, que agitan sus crines,
tumultuosos sus cascos, cabrilleantes sus ojos;
el norte se despliega sobre ellos, la noche que se arrastra,
el este ha ocultado la alegría antes que despunte el alba,
el oeste solloza bajo el pálido rocío y suspira al desaparecer,
el sur derrama rosas de fuego carmesí;
oh vanidad del Dormir, de la Esperanza, el Sueño y el constante Deseo,
los Caballos del Desastre se abalanzan en el barro:
amada, entrecierra los ojos, y que lata tu corazón
sobre el mío, y que tu pelo caiga sobre mi pecho
ahogando la hora solitaria del amor en un hondo crepúsculo de paz
y ocultando sus crines al viento y sus patas tumultuosas.
(Traducción de Antonio Rivero.)
No es raro, así, que sea querido por Modiano, sus temas son también el tiempo, la distancia, el amor y su falta, los mitos y la naturaleza, lugares míticos como Innisfree y Bizancio). En su discurso Nobel el único poema que cita es el famoso (precioso ─se lo regalé a una amiga por su cumpleaños 28─) Los cisnes salvajes de Coole:
Los árboles muestran su belleza otoñal,
los senderos del bosque se han secado,
bajo el atardecer de octubre el agua
refleja un cielo inmóvil;
sobre el agua vibrante, entre las piedras,
cincuenta y nueve cisnes.
Y diecinueve otoños han pasado
desde que los conté la primera vez;
antes de que pudiera hacerlo,
les vi de pronto alzar el vuelo
y dispersarse en grandes anillos rotos
sobre sus alas bulliciosas.
He contemplado a estos seres radiantes
y ahora me duele el corazón.
Todo ha cambiado desde que oyera, aquel ocaso,
por vez primera en esta orilla,
el golpe de sus alas sobre mi frente
y los pies me llevaran con paso más ligero.
Siempre incansables, amante con amante,
discurren por las frías
corrientes amistosas o ascienden por el aire;
sus corazones no han envejecido;
conquistas o pasión, por donde vayan,
no dejan de escoltarles.
Ahora surcan el agua inmóvil,
misteriosos y bellos;
¿en qué juncos harán su casa,
a la orilla de qué estanque o laguna
deleitarán los ojos de los hombres
cuando despierte un día y vea que han partido?
Si me perdonáis la extensión, terminaré como japonés del siglo X, replicando con uno de los últimos poemas de Eugénio de Andrade, Sobre los cisnes salvajes de Yeats:
Ahora anochece tan temprano -tengo
miedo de perderte en la oscuridad.
Me acuerdo de los cisnes salvajes
que del lago se erguían soberanos
iluminando las aguas y el cielo
del otoño al final de la tarde.
También ellos se pierden
ahora en la inclinación de la sombra.
¿Qué país será el mío? ¿Éste,
donde vivo y soy extranjero?
¿El de la luz atravesada
por los cisnes? Sin ti, ¿cómo saberlo?
miedo de perderte en la oscuridad.
Me acuerdo de los cisnes salvajes
que del lago se erguían soberanos
iluminando las aguas y el cielo
del otoño al final de la tarde.
También ellos se pierden
ahora en la inclinación de la sombra.
¿Qué país será el mío? ¿Éste,
donde vivo y soy extranjero?
¿El de la luz atravesada
por los cisnes? Sin ti, ¿cómo saberlo?
martes, 9 de diciembre de 2014
Maestros
Guy Debord lo fue para algunos, al menos para sus contemporáneos que vivían en París. (Murió hace exactamente 20 años, enfermo y voluntariamente, y un compañero me habló entonces de él, porque lo había conocido y admirado. Debió ser estimulante frecuentarle. "Debord ha muerto, el Che también, ¿qué nos queda?") Se sabe de su libro más famoso, La sociedad del espectáculo, aunque Modiano declara que le interesa más su vida que su obra. El epígrafe (del que sale el título del libro) lo señala como parte de esa generación joven en los 60, y al tiempo lo traspone al Guy de Vere, maestro de Louki (y Roland), a la que recomienda lecturas curiosas: Horizontes perdidos, que sí es una de esas películas de aventuras que no se olvidan, al menos la llegada a Shangri-La ─esa hermosa idea de un posible paraíso en la Tierra─ y otros libros más raros aun (de sapiencia mística).
Pero fue al principio cuando encontré un libro desconocido por completo (aún ahora, buscándolo, no sé bien a cuál de ellos se refiere), Les Barricades mystérieuses. Lo señala junto a las Iluminaciones de Rimbaud y Los Cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont como uno de los libros-etiqueta que llevan los jóvenes progres al Condé. Y pensé que sería un juego de Modiano, queriendo engañar al lector, mezclando dos grandes libros 'malditos' con una pieza para clavecín de Couperin, muy querida por mí, porque me pone de buen humor con ese repetido refrán que parece que se para y vuelve a comenzar y podría seguir sin límite.
AÑADIDOS.
Modiano n'a pas connu Guy Debord, sinon par ricochet : «Quand j'avais huit ou neuf ans, il y avait une fille dans mon immeuble, une étudiante aux Beaux-Arts américaine, qui me gardait et m'amenait dans des cafés du quartier, à Saint-Germain-des-Prés. Elle avait deux amis, Patrick et Henri. A vingt ans, Debord les avait fréquentés. Je les écoutais parler de lui. Je l'ai lu assez tardivement, et seulement ses textes autobiographiques, comme Panégyrique... Les textes politiques ne m'intéressent pas.»
Panégyrique : "Entre la rue du Four et la rue de Buci, où notre jeunesse s'est si complètement perdue (...) on pouvait sentir avec certitude que nous ne ferions jamais rien de mieux..."
La « sombre mélancolie » de Guy Debord.
CEMENTERIOS: Ambas fotos tienen más de 25 años, son bien distintos, Plainpalais, Cementerio de los Reyes, en Ginebra (Borges cerca de Calvino ─perdón por el atuendo─); y Glendalough, ruinas de un monasterio del siglo VI, rodeado por dos lagos, en el sur de Irlanda.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Lugares 3
Modiano es meticuloso señalando lugares, y en este libro nos hace visitar muchas zonas distintas de París. Hemos estado en el Barrio Latino, en Neuilly, y ahora vamos a uno de los lugares más visitados, al norte, Montmartre y Pigalle, aunque (como suele suceder en toda ciudad turística, sólo unos puntos concretos son masivamente ocupados, y calles adyacentes están vacías). Una zona sobre todo famosa por el Sacré-Coeur (de dudoso valor) y por los neones rojos que anuncian stripteases de clase media. Generalizando, hemos pasado de la bohemia a la clase alta y ahora a la media-baja.
En este mapa pueden verse lugares importantes en la vida de nuestra querida Louki: la Avenue Rachel (un nombre curioso para una callecita), que da al cementerio de Montmartre (no confundir con el de Montparnasse del que hablamos en otra entrada, ─por cierto que ambos tan cerca de su vida─); Clichy (un recuerdo para Henry Miller); Blanche (blanca quizá por la harina de los molinos); el Moulin Rouge, tan famoso aún hoy, y al que cuando yo era joven era obligado ir (también al Lido en los Campos Elíseos) si querías ver mujeres diciendo que ibas a ver un musical. El que más me gustó no fue ninguno de los dos, sino el Crazy Horse.
Siempre ─con qué sencillez decimos siempre, y no sólo por la corta vida sino por lo poco que recordamos; se nos olvida que quizá ese gusto, esa afición sea reciente─ me han gustado los cementerios. No creo que sea morboso sino estético sentimental. Los marinos de Sète y Niembro, los de pequeñas aldeas de Bretaña y Trás-os-Montes, o donde están enterradas personas que me interesan. (Esta página os puede interesar ─y el libro de Cees Nooteboom).
En el de Montmartre, el menos conocido de los tres grandes de París, están Stendhal, Truffaut, Heine, Dumas hijo (y la dama de las camelias, luego Traviata).
No me resisto a una frase, una razón nunca oída:
En este mapa pueden verse lugares importantes en la vida de nuestra querida Louki: la Avenue Rachel (un nombre curioso para una callecita), que da al cementerio de Montmartre (no confundir con el de Montparnasse del que hablamos en otra entrada, ─por cierto que ambos tan cerca de su vida─); Clichy (un recuerdo para Henry Miller); Blanche (blanca quizá por la harina de los molinos); el Moulin Rouge, tan famoso aún hoy, y al que cuando yo era joven era obligado ir (también al Lido en los Campos Elíseos) si querías ver mujeres diciendo que ibas a ver un musical. El que más me gustó no fue ninguno de los dos, sino el Crazy Horse.
Siempre ─con qué sencillez decimos siempre, y no sólo por la corta vida sino por lo poco que recordamos; se nos olvida que quizá ese gusto, esa afición sea reciente─ me han gustado los cementerios. No creo que sea morboso sino estético sentimental. Los marinos de Sète y Niembro, los de pequeñas aldeas de Bretaña y Trás-os-Montes, o donde están enterradas personas que me interesan. (Esta página os puede interesar ─y el libro de Cees Nooteboom).
En el de Montmartre, el menos conocido de los tres grandes de París, están Stendhal, Truffaut, Heine, Dumas hijo (y la dama de las camelias, luego Traviata).
No me resisto a una frase, una razón nunca oída:
J'avais toujours rêvé d'être étudiante,
à cause du mot que je trouvais élegant.
(Siempre había soñado con ser estudiante,
porque me parecía una palabra elegante.)
lunes, 1 de diciembre de 2014
Contra el olvido, la palabra.
La ausencia, la
huella, el rastro, el recuerdo, la memoria… ¿Qué queda de nosotros?
Efectivamente, los vecinos van desapareciendo, otros ocupan su lugar, seguimos
repartiendo saludos corteses, incluso nos interesamos cortésmente por la salud,
los hijos, las vacaciones. Y la rueda se repite y seguimos repartiendo
cortesía. O los ignoramos. O los despreciamos. Ni siquiera un saludo, retiramos
la cortesía. Y, después, el olvido. ¿Qué habrá sido de..? ¡Qué pena que se haya
muerto…! ¿Os acordáis de…?
Y, por fin, nosotros mismos. Ahí sí que duele. ¿Qué será de
nosotros, de nuestro recuerdo, de nuestra memoria? ¿Cómo se llenará nuestra
ausencia? ¿Alguien sentirá nuestro vacío? ¿Será visible nuestro rastro, nuestra
huella? Podemos acudir a Quevedo, a Bécquer, a Cernuda. Buscar entre mitos antiguos o
modernos. O decidir, cinematográficamente, que nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto.
Es frágil la memoria. Pero si la palabra la ayuda adquiere
fuerza. Contra la ausencia, la palabra. Seguiré existiendo mientras, alojada en
la amorosa memoria de algún ser humano, forme parte de sus conversaciones con
otros seres humanos. La palabra, que me hace persona, me transforma en eslabón de una fuerte cadena que puede resistir a la muerte.
No sé qué diría Saramago, no quiero ponerme densa. Y no me
digáis que es un triste consuelo. Mis Loukis particulares están presentes en
mis conversaciones con personas que me son queridas o, al menos, apreciadas. Es
mi manera de mantenerlas con vida. Contra el olvido, la palabra.
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