jueves, 9 de abril de 2015

«El estilo avanza con zancadas triunfantes mientras que la trama arrastra los pies»

Permitidme que me ponga técnica, pero la conjunción entre antítesis y personificación que se produce en los verbos de esta oración resume perfectamente la  manera de escribir de Banville. Él mismo lo explica en el coloquio con Rodrigo Flesán que nos recomendó Jesús al principio titulado “Un mundo hecho de oraciones” (significativo también) http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=374
Y vamos a comprobarlo empíricamente.  Esta es la sinopsis que yo escribí en agosto de 2017, cuando lo leí por primera vez. No es ni mejor ni peor que otras pero ¿refleja realmente lo que es El mar?
Tres tiempos conjugados en una misma obra: el presente de un viudo, Max Morden, escritor que tras la muerte de su esposa, Ana, vuelve a la casa que ocupó un lugar importante en su infancia, Los Cedros. Es un hombre angustiado y dependiente del alcohol, que mantiene una difícil relación con su hija Claire y, sobre todo, consigo mismo.
El segundo tiempo, la muerte de Ana: sus conversaciones, sus silencios y (lo que más llama la atención) el remordimiento por no haber sido mejor y por sentir no merecerse la lástima que le profesan los demás.
El tercer tiempo, el recuerdo de su infancia que le acompaña desde entonces. La familia Grace y sus gemelos, Chloe y Myles. El “arrobo” que le produce la madre contrasta con las incipientes “relaciones” con la hija y su ¿suicidio? en el mar junto a Myles. La chica que los cuidaba, Rose, se ha quedado como “patrona” de los Cedros y es quien sirve de unión entre los recuerdos y la realidad junto al coronel.
Tristeza, dolor, sexo y unas descripciones que obligan a releer y reflexionar. El mar como ser que se “lleva” a los seres queridos ¿Para qué nadar entonces?
                                                                                                                     
Está claro que una sinopsis no describe realmente a un buen libro. Por eso a veces las contraportadas tergiversan su verdadera profundidad. Y este es un claro ejemplo. Este libro invita a reflexionar sobre muchos temas fundamentales en la vida de cualquier persona.
En esta segunda lectura me ha interesado la forma en que se representa la entrada de la muerte en la vida de las personas. El miedo (“Mi rodilla derecha se asustó y se puso a temblar”), el extrañamiento (“Salimos a la luz del día como si pisáramos un nuevo planeta en el que sólo viviéramos nosotros”) y, sobre todo, esa mezcla de irritación y vergüenza que cree compartir con Ana en un momento en el que parecen vivir en realidades distintas pero simultáneas (“ Era como si nos hubiéramos revelado un secreto tan sucio, tan desagradable, que casi no pudiéramos soportar  la compañía del otro, aunque sin ser capaces de separarnos, los dos sabiendo esa cosa nauseabunda que el otro sabía y unidos por ese mismo conocimiento. A partir de ese día todo sería disimulo. No habría otra manera de vivir con la muerte”). Parece difícil expresar de otra manera ese periodo de convivencia en el espacio y en el tiempo, en un momento en el que no hay tiempo (“estatuas derribadas de nosotros mismos, buscábamos escapar de un presente intolerable en el único tiempo verbal posible, el pasado, es decir, el pasado remoto”)
Hay otros temas que también me han llamado la atención, pero igual prefiero que digáis alguno de los que os ha interesado a vosotros ¡Son tantos!

3 comentarios:

  1. Perfecto y preciso todo lo que dices, desde la poca importancia del "asunto" (pero también clavado tu resumen de hace años) para lo que va a ser el libro, su sensibilidad y su efecto sobre cada uno ─¿quién piensa que El Padrino va de la mafia, Breaking Bad de un profesor de Química que fabrica droga, Mad Men de una agencia de publicidad, Madame Bovary de un adulterio?─ hasta lo que nos haces ver tú al señalarnos lo que esas frases describen.
    Una obra maestra cinematográfica no puede sustituir la reflexión de las palabras bien usadas, puede decirlo de otra manera, pero este pensamiento se pierde. Y ya nadie lee.

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    1. Gracias Jesús por tus palabras (la amistad no se nota nada, je je) Sin embargo considero, y me niego a considerar a partes iguales, que “Ya nadie lee” como afirmas. Es verdad que personas en determinados ámbitos académicos y culturales, que deberían ser lectoras habituales, se escudan en la falta de tiempo para evitar asumir su proceder. Y que hay una parte importante de la población que quizá sólo lea lecturas intrascendentes sin intentar enfrentarse a literatura de calidad. E incluso que el concepto de literatura de calidad es relativo, como también lo es cualquier otra de las artes de calidad. Pero también hay muchas personas que sí leen, anónimas en la mayoría de los casos, visibles en conversaciones sobre otros temas que recalan, casualmente, en literatura y nos sorprenden positivamente. Y la red tiene una gran cantidad de blogs, obviamente hay que seleccionar, sobre literatura y libros.
      El problema creo que está en el compartir. Vivimos en una sociedad que nos ahoga en obligaciones, a golpe de reloj. “Sacamos” tiempo para leer pero nos cuesta poder hablar sobre lo que hemos leído, reflexionar junto con otras personas, como también nos cuesta conversar sobre cuestiones importantes de la vida (“casualmente” lo que hacemos al leer también). Eso es lo que deberíamos reivindicar a la vida: conversación profunda y enriquecedora. El formato es nuestra elección.

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  2. Soy muy exagerado en mis opiniones, como muy pesado y repetitivo en mis temas. El carácter, que con los años se afianza con la costumbre, y la falta de flexibilidad como en la piel, después de tantos años dando clase y pensando como un físico (materialista, en cuanto a que todo lo origina la materia/energía, incluso la nada no está vacía, jeje, si no lo entendéis no importa, nadie lo entiende, pero sus consecuencias son como si fuera así) me hace exagerar para llamar la atención, pero nunca son literales estas afirmaciones, que además suelen ser pesimistas, por lo que María siempre estará en desacuerdo.
    Por no alejarme del libro, aunque esta excursión me apasiona, diré que "casi" nadie lee, sobre todo entre las clases "cultas" (¿universitarias?) que deberían, y es un "hecho", no una "opinión", mirad en torno, compañeros, familia, conocidos.
    Pero debo aclarar que no mitifico el "leer" sino el pensar, reflexionar, estudiar, aprender, cuestionar, descubrir, criticar, opinar, compadecer, valorar, exigir, esforzarse, superarse ("la mediocridad es una elección personal", Wagensberg) contra la imposición alegremente aceptada del solo entretenimiento, del espíritu Disney, de la gastronomía como arte, del capitalismo que prima el más y más beneficio y consumo sobre todas las cosas. No sé si prefiero la religión.

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