domingo, 19 de abril de 2015

Desde dónde escribimos, desde dónde leemos

La literatura habla de nosotros mismos… de lo que somos y de lo que tememos. Y, dicho por María en una entrada anterior, debería ayudarnos a ser mejores. Pero ¿nos dejamos malear por ella? ¿Sabemos desde dónde leemos?

¿Y la lectura, en todo eso? La lectura era otro tipo de allanamiento, la penetración de un cerebro en el mío. Eso explicaría mi reticencia, entre los veinte y los cuarenta años, incluso cuando ya era una lectora voraz, a leer a Marcel Proust. “No puedo tener a ese tío instalado en mi psique veinticuatro horas al día”, declaraba yo”

Y otra cita:
La pregunta que le atribuyo a Bajtín y que leí en los labios de mi profesora de letras, “desde dónde se escribe”, me viene a la cabeza con una violencia y un vigor nuevos. “¿Desde dónde se lee?”, me oigo responder.
Y la última:
Para mí existe un vínculo entre  el exilio y la lectura, entre la deportación y la lectura, entre la persecución y la lectura, entre la humillación social y la lectura[…]

Estas citas son de un libro que leí estos días, Cómo aprendí a leer, de Agnès Desarthe. Un bocado rico, rico. Ya oigo a Jesús preguntar que por qué recurro a las citas en vez de hablar con mi propia voz, pero es que me la robó esta mujer. Vaaale, prestada solo por un rato. No os la perdáis.

Y casualmente, hace un par de días, Millás abundaba en lo mismo:
Furia. Juan José Millás

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