La literatura habla de nosotros mismos… de lo que somos y de
lo que tememos. Y, dicho por María en una entrada anterior, debería ayudarnos a
ser mejores. Pero ¿nos dejamos malear por
ella? ¿Sabemos desde dónde leemos?
¿Y la lectura, en todo eso? La
lectura era otro tipo de allanamiento, la penetración de un cerebro en el mío.
Eso explicaría mi reticencia, entre los veinte y los cuarenta años, incluso
cuando ya era una lectora voraz, a leer a Marcel Proust. “No puedo tener a ese
tío instalado en mi psique veinticuatro horas al día”, declaraba yo”
La pregunta que le atribuyo a
Bajtín y que leí en los labios de mi profesora de letras, “desde dónde se
escribe”, me viene a la cabeza con una violencia y un vigor nuevos. “¿Desde
dónde se lee?”, me oigo responder.
Y la última:
Para mí existe un vínculo
entre el exilio y la lectura, entre la
deportación y la lectura, entre la persecución y la lectura, entre la
humillación social y la lectura[…]
Estas citas son de un libro que
leí estos días, Cómo aprendí a leer, de Agnès Desarthe. Un bocado rico, rico.
Ya oigo a Jesús preguntar que por qué recurro a las citas en vez de hablar con
mi propia voz, pero es que me la robó esta mujer. Vaaale, prestada solo por un
rato. No os la perdáis.
Y casualmente, hace un par de días, Millás abundaba en lo mismo:
Furia. Juan José Millás
Y casualmente, hace un par de días, Millás abundaba en lo mismo:
Furia. Juan José Millás
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