Creo que todos nos comportamos de modo tan rutinario, seguimos tantos raíles, porque hay que buscar y luego hacer un trabajo que nos dé de comer, y repetir actividades necesarias pero poco apasionantes en general ─aunque voy descubriendo que la felicidad, ese concepto tan manoseado pero que resume para todos el logro de vivir, hay que encontrarla en la repetición de lo menos valorado, ducharse, conducir al trabajo, de noche si es de noche, lloviendo cuando llueve, haciendo la compra, la comida y lavando los platos,...─ que cuando algo nos hace sentirnos más inteligentes nos ofrece una recompensa, nos alegra, y no suele reconocerse tanto como la alegría que proporciona el cariño que nos dan y el que damos. (Y más nosotros, en este trabajo que fue y podría ser en sí tan feliz.)
Y entre estas actividades que te hacen sentirte más inteligente está la lectura literaria. Ya comenté hace mucho en una entrada que los anglosajones hace tiempo que diferencian esta lectura de la otra, la de sólo entretenimiento, tan respetable como respetable es el chillout, pero no es Monteverdi.
Lasciatemi morire, / lasciatemi morire, / e che volete voi, che mi conforte / in così dura sorte, / in così gran martire? / Lasciatemi morire.
Que así Ariadna se sentía cuando fue abandonada por Teseo en la isla de Naxos.
En ese momento Rose caminaba arriba y abajo por la orilla, tres pasos hacia un lado, parada, giro, tres pasos al otro lado, parada, giro, como la pobre demente Ariadna a la orilla de Naxos, todavía apretando contra el pecho la toalla, el libro y el gorro de baño.Pero la lectura literaria es más exigente que la de simple "evasión", claro, no vamos a pedir que nos creamos más inteligentes por ver Sálvame o Adán y Eva (y repito, no tengo nada contra el entretenimiento que procuran, sólo estoy diferenciando, ni siquiera voy a decir que son mejores o peores o esas simples clasificaciones).
Banville es prototipo de esa lectura exigente, que necesita dos o tres veces para seguirle bien, y detenerse en algún párrafo para reconocer la forma en que describe un sentimiento, un estado, una relación, un hecho con una mirada distinta y nueva. Por ejemplo, en la entrada anterior, si os fijáis en cada cuadro y cómo lo describe, asociado además a un personaje. Me faltaba la madre:
La señora Grace, Constance, Connie, sigue sonriéndome con su estilo desenfocado, que, ahora que lo pienso, es como miraba a todas partes, como si no estuviera del todo convencida de la solidez del mundo y medio esperara que, de un momento a otro, de una manera descabellada e hilarante, éste fuera a convertirse en algo completamente diferente. Entonces habría dicho que era hermosa, de haber tenido a alguien a quien se me ocurriera decirle algo así, pero supongo que lo cierto es que no lo era. Era bastante recia, y tenía las manos gruesas y rojizas, le asomaba un bulto en la punta de la nariz, y los dos lacios mechones de pelo rubio que sus dedos no dejaban de colocar detrás de las orejas y que seguían cayendo una y otra vez eran más oscuros que el resto del pelo, y tenían un matiz levemente grasiento de roble barnizado. Caminaba lánguidamente, con los hombros caídos, y los músculos de sus ancas temblaban bajo la leve tela de sus vestidos de verano. Olía a sudor y a crema fría, y un poco a grasa de cocinar. Tan sólo otra mujer, en otras palabras, y otra madre, encima. No obstante, y a pesar de su vulgaridad, para mí era tan distante y tan distantemente deseable como cualquier dama pálida pintada en compañía de un libro y un unicornio. Pero no, debería ser justo conmigo mismo por niño que fuera, por incipiente romántico que pudiera haber sido. Ni siquiera para mí era pálida, ni estaba hecha de pintura. Era completamente real, de carne espesa, comestible, casi. Eso era lo más extraordinario de todo, que enseguida fue un espectro de mi imaginación y una mujer de ineludible carne y hueso, de fibra, almizcle y leche. Mis sueños de rescate y escarceos amorosos, hasta entonces rayanos en lo decoroso, se habían vuelto ahora desbocadas fantasías, vívidas y al mismo tiempo irremediablemente carentes de detalles esenciales, de ser voluptuosamente dominado por ella, de hundirme en el suelo bajo su peso cálido, de ser arrollado, de ser montado, entre sus muslos, los brazos apretados contra mi pecho y la cara encendida, a la vez su demonio amante y su hijo.
[A mi único deseo] No os perdáis estos tapices cuando estéis en París.
La primavera comenzará mañana, viernes 20 de marzo, a las 23h 45min. Durará 92 días y 18 horas, y terminará el 21 de junio con el comienzo del verano. Venus y Júpiter serán visibles tras la puesta de Sol durante toda la primavera, Venus por el Oeste y Júpiter al Sureste. (Distinguirlos es muy fácil, son los dos puntos más brillantes del cielo, pero ojo, Venus se va siguiendo al Sol y deja de verse sobre las 22h.)
Sabia tu hija, Jesús. A falta de hijos que me ayuden a seguir mi camino, yo descubrí algo parecido a través del respeto que personas muy queridas para mí y con escasa formación (las circunstancias de esta España nuestra…) manifestaban por el conocimiento y por diversas formas de arte. Ese respeto implicaba la consideración de que las personas que tenían acceso al disfrute artístico eran más inteligentes. La inteligencia de las que tenían instrucción se daba por sentada, pero esta otra era algo más sutil. Pasados los años, en una enriquecedora y divertida experiencia en educación de adultos, volví a encontrar ese respeto y esa percepción de que el contacto con el arte nos hace sentirnos más inteligentes. Y sentirnos inteligentes acrecienta el respeto por nosotros mismos. Creo. Sabia tu hija, Jesús.
ResponderEliminar