viernes, 27 de marzo de 2015

Más marea


$- Me miro en el espejo y frunzo el ceño, frustrada. Qué asco de pelo. No hay manera con él. Y maldita sea Katherine Kavanagh, que se ha puesto enferma y me ha metido en este lío. Tendría que estar estudiando para los exámenes finales, que son la semana que viene, pero aquí estoy, intentando hacer algo con mi pelo. No debo meterme en la cama con el pelo mojado. No debo meterme en la cama con el pelo mojado. Recito varias veces este mantra mientras intento una vez más controlarlo con el cepillo. Me desespero, pongo los ojos en blanco, después observo a la chica pálida, de pelo castaño y ojos azules exageradamente grandes que me mira, y me rindo. Mi única opción es recogerme este pelo rebelde en una coleta y confiar en estar medio presentable. :(
Creo que me he equivocado de cita. Pero esto se entiende muy bien, sin esfuerzo, y a millones de personas sin seso ─no digo que todas las que lo lean no lo tengan─ les hace pasar un rato entretenido (quizá, como lo entienden, les hace sentirse más inteligentes y no, como dije en otra entrada, la música clásica o la lectura literaria, que puede que les haga sentirse poco inteligentes, al aburrirse o no comprenderlas).

Banville me gusta porque me hace reflexionar sobre lo que leo, volver sobre ello para comprenderlo mejor, disfrutar de imágenes o comparaciones que nunca se me hubieran ocurrido, sentir que tengo algo de todos los personajes y que las situaciones por las que pasan y los pensamientos que se les ocurren pueden ser los míos o haberlo sido o hubieran debido serlo en situaciones parecidas u opuestas.

Si os decidís a escribir, ocupados amigos ("tantas manos para transformar el mundo y..."), podemos seguir matizando porqué nos gusta o menos. Pero yo tengo ganas de decir lo que no me ha gustado de esta novela. Eso sí, antes de nada, no puedo criticar exactamente The Sea de Banville sino El mar de Banville traducido por Damián Alou (lo leí en 2006 y ahora). Y es que si ya todos más que sabemos lo intraducible de la poesía, por la rima o el ritmo o los acentos, la métrica, la sintaxis, el vocabulario..., casi lo mismo sucede con novelas que, aunque cuentan una historia, lo intentan con un estilo propio (ahora no recuerdo quién se propuso escribir unos párrafos o relatos con el estilo de escritores famosos, tengo que buscarlo; no me refiero a lo de Queneau) que sea reconocible y asociado a ese solo escritor.


No me gusta (y es completamente personal esta opinión, no he leído ninguna crítica para no sentir luego que no tenía nada que añadir) algún exceso artificioso de palabras o comparaciones que, si lo habitual es que sean acertadas y originales, alguna vez me parecen rebuscadas y artificiales. Pero ¿cómo traducir un estilo de un idioma a otro? Creo que el traductor es bastante bueno, pero quizá a veces no se ha detenido tanto como debía.

También, quizá en exceso de celo, el traductor rebusca más de lo necesario:
La señorita... conoce las preguntas que quiero formularle...
¿No sería mejor: "...sabe qué preguntas quiero hacerle..."?
El original dice: She knows the questions I want to ask. (Bastante simple.)


[...] bajo el débil resplandor de una bombilla de 60 vatios [...
]
[...] algo de nosotros permanecerá, [...] unos cuantos átomos en el aire de la habitación donde exhalamos nuestro último aliento [...]
]...] —Como dos imanes —dijo—, pero puestos al revés, atrayéndose y repeliéndose. [...]
[...] y estaba a punto de abandonar la búsqueda cuando el reflejo de la luna o de alguna estrella cayó sobre mi silueta, [...]

(Una bombilla de 60 W no es la que Banville se imagina para esas habitaciones alquiladas en que vivía de niño, sería si quiere acertar de 25, máximo 40.)
(Casi todos nuestros átomos permanecen inalterados al morir, sirviendo de abono para convertirse en flores, árboles o mariposas, humo o cenizas; los menos nuestros son los que exhalamos.)
(No sé cómo se ponen dos imanes "al revés", se atraen y se repelen siempre, a la vez, pero produciendo un resultado neto que será uno u otro.)
(Una estrella no refleja luz, la produce, y ─por desgracia poética─ no nos ilumina.)

Y no me gusta que en la trama haya ─en mi opinión─ un innecesario suspense, porque ¿qué necesidad hay de ocultarnos deliberadamente (se dirige a nosotros) la identidad de la señorita Vavasour, a veces llamada señorita V.? ¿Unos niños escribirían "RV ama a CG"? Yo creo que aquí ni Banville ni el traductor aciertan; los niños escribirían un corazón con una flecha (no "ama") y RC, o si fueran más crueles o atrevidos Rosie  Carlo (no RV y CG, obligado para darnos una pista de que Vavasour es Rosie, lo que además estaba claro).  Y escribir 50 veces (49) "señorita Vavasour" es pesado y distrae. Además esto obliga en español al tratamiento de usted, lo que hace más engañosa la ficción (se han conocido de niños), porque en inglés no hay diferencia en los pronombres (you) ni en los tiempos verbales, con lo que se hace menos artificioso.

[...] —Oh, sí —dijo sin inflexión—, sí, claro que le recuerdo.
"Oh, yes," she said without inflexion, "yes, of course, I remember you." 
[...]—¿Nunca se casó? —le pregunté.
"And you never married?" I said. 
[...] Vivienne ─dijo─ era mi amiga. Es decir, Bollo. 
"Vivienne," she said, "was my friend. Bun, that is." 
No me pega el usted y el Bollo. ¿Por qué "Bollo" (ahí esa familiaridad con la señorita V.) y no Vivienne o, mejor ahí, su apellido?

Me parecen incongruentes estos dos párrafos, porque además el narrador estuvo allí:
Me gustaría preguntarle si se culpa de la muerte de Chloe —creo, debería decir, sin tener prueba de ello, que fue Chloe la primera que se metió en el mar, con Myles detrás, para intentar salvarla—, y si está convencida de que el hecho de que se ahogaran juntos fue tan sólo un accidente u otra cosa. Probablemente me lo diría si se lo preguntara. No la veo reacia.[...]
[...] los dos allí abrazados, dándole la espalda al mundo. Entonces, lentamente, se pusieron en pie y se adentraron en el mar, el agua plana como el aceite apenas abriéndose en torno a ellos, y se inclinaron hacia delante a la vez y se alejaron nadando lentamente, las cabecitas moviéndose sobre aquella marea blanquecina, lejos, cada vez más lejos.


  Debussy. La mer.

Pero prefiero seguir admirando lo bueno (que es mucho más que lo que no me gusta):
La felicidad era diferente en la infancia. Entonces se trataba tan sólo de acumular, de coleccionar cosas —nuevas experiencias, nuevas emociones— y aplicarlas como si fueran relucientes azulejos en lo que algún día sería el maravillosamente acabado pabellón del yo. Y la incredulidad, eso también era parte importante de ser feliz, me refiero a esa eufórica incapacidad de creerte del todo tu buena suerte. Ahí estaba yo de repente, con una chica en mis brazos, al menos figuradamente, haciendo lo que hacían los adultos, dándole la mano, besándola en la oscuridad, y cuando la película hubo acabado separándome de ella, aclarándome la garganta con grave cortesía, dejándola pasar primero bajo la pesada cortina que hacía de puerta para salir al sol impregnado de lluvia de la tarde de verano. Yo era yo y al mismo tiempo otro, alguien completamente distinto, alguien completamente nuevo. Mientras caminaba detrás de ella en medio del gentío en dirección al Café Playa, me llevé la punta del dedo a los labios, los labios que habían besado los suyos, como esperando encontrarlos cambiados de una manera infinitamente sutil pero trascendente. Esperaba que todo cambiara, como el propio día, que había sido sombrío y lluvioso y sobre el que habíamos visto nubes panzudas mientras nos encaminábamos a la sala de cine en lo que había sido la tarde y ahora era un ocaso de sol rojizo y sombras inclinadas, plantas de cola caballo goteando gemas y un velero rojo en la bahía virando y poniendo rumbo hacia las lejanías de un azul ya crepuscular del horizonte.   El café. En el café. En el café nosotros.
Y de hecho no había pasado nada, una memorable nada, tan sólo otro de esos grandes encogimientos de hombros con que el mundo manifiesta su indiferencia.
Una enfermera vino a buscarme. Me di la vuelta y la seguí hacia el interior del hospital, y fue como si me adentrara en el mar.

1 comentario:

  1. Me parece que a la pobre (¿por qué la llamo pobre?) Vavasour la ningunea y eso me incomoda un poco. O acaso es que ella resulta ser un personaje un poco incómodo.

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