El verso fácil me viene a la cabeza, hablamos del cementerio marino en otra entrada:
Ese techo, tranquilo de palomas,
Palpita entre los pinos y las tumbas.
El Mediodía justo en él enciende
El mar, el mar sin cesar empezando...
Recompensa después de un pensamiento:
Mirar por fin la calma de los dioses.
Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recommencée
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!
Por supuesto que nos podríamos dedicar sin descanso a referencias en donde aparece (Odisea, Conrad, Stevenson, Melville, Magris, mis favoritos). Yo quiero destacar los tres poemas que más suponen para mí, porque he entendido que no estamos en Google (aunque lo usemos) ni en la Wikipedia sino en lo que tiene significado para cada uno y comparte. (Y porque le sirve a Vanesa, que quiere aprender, y quizá a alguien más. Fijaos, ¡cuántos dioses!)
Y creo que no ha salido hasta ahora Hölderlin, del que acaba de publicarse una biografía y otros libros interesantes. Por eso quiero citar una gran elegía al mar, El archipiélago:
Vuelven las grullas hacia ti?,¿y dirigen de nuevo
hacia tus orillas su rumbo las naves?;¿acaricianbrisas propicias tus olas tranquilas?,¿y solea el delfín sus lomos a la nueva luz atraído desde lo profundo? ¿Florece Jonia?;¿es ya tiempo?,pues siempre en primavera cuando a los vivientes se les renueva el corazón y despierta en el hombre el primer amor y el recuerdo de los tiempos dorados,¿vengo yo a ti anciano, y te saludo en tu silencio!
¡Siempre poderoso!,vives todavía y descansas a la sombra de tus montañas,como entonces;con brazos de muchacho ciñes todavía a tu tierra querida, y de tus hijas,¡oh padre!, de tus islas,de las florecientes ninguna se ha perdido todavía.[...]
Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Mitologías y cosmogonías,
Antes que el tiempo se acuñara en días,
El mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
Y antiguo ser que roe los pilares
De la tierra y es uno y muchos mares
Y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,
Siempre. Con el asombro que las cosas
Elementales dejan, las hermosas
Tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
Ulterior que sucede a la agonía.
They departed, the gods, on the day of the strange tide. All morning under a milky sky the waters in the bay had swelled and swelled, rising to unheard-of heights, the small waves creeping over parched sand that for years had known no wetting save for rain and lapping the very bases of the dunes. The rusted hulk of the freighter that had run aground at the far end of the bay longer ago than any of us could remember must have thought it was being granted a relaunch. I would not swim again, after that day. The seabirds mewled and swooped, unnerved, it seemed, by the spectacle of that vast bowl of water bulging like a blister, lead-blue and malignantly agleam. They looked unnaturally white, that day, those birds. The waves were depositing a fringe of soiled yellow foam along the waterline. No sail marred the high horizon. I would not swim, no, not ever again.
Someone has just walked over my grave. Someone.
The name of the house is the Cedars, as of old.
Se marcharon, los dioses, el día de la extraña marea. Las aguas de la bahía, toda la mañana bajo un cielo lechoso, habían crecido y crecido, alcanzando alturas inusitadas, las pequeñas olas inundaban una arena reseca que durante años no había conocido otra humedad que la lluvia y lamían las mismísimas bases de las dunas. El casco oxidado del carguero que permanecía encallado en la otra punta de la bahía desde tiempo inmemorial debió de pensar que iban a volver a botarlo. Después de ese día yo no volvería a nadar. Las aves marinas gimoteaban y se lanzaban en picado, nerviosas, al parecer, ante el espectáculo de ese enorme cuenco de agua inflándose como una ampolla, de un azul plomizo y un brillo maligno. Tenían, aquel día, una blancura antinatural, los pájaros. Las olas depositaban una orla de sucia espuma amarilla en el límite de las aguas. Ningún barco estropeaba la línea del alto horizonte. No nadaría, no. Nunca más.
Alguien acaba de caminar sobre mi tumba. Alguien.
El nombre de la casa es los Cedros, desde hace mucho.

"El mar" de John Banville me parece una estupenda decisión. Es un placer homenajear a nuestro reciente Premio Príncipe de Asturias y más con una obra tan singular como ésta. Me dispongo a releerla con entusiasmo.
ResponderEliminarPor otra parte, comparto las referencias literarias al mar(sobre todo Conrad y Melville) y añado la primera que se me ha venido a la cabeza al disfrutar el poema de Borges (no lo conocía, gracias Jesús): "Al faro" de Virginia Woolf
"The sea without a stain on it, thought Lily Briscoe, still standing and looking out over the bay. The sea is stretched like silk across the bay. Distance had an extraordinary power; they had been swallowed up in it, she felt, they were gone for ever, they had become part of the nature of things. It was so calm; it was so quiet. The steamer itself had vanished, but the great scroll of smoke still hung in the air and drooped like a flag mournfully in valediction."
"El mar sin una sola mancha, pensó Lily Briscoe, que seguía inmóvil, contemplando la bahía. El mar, extendido como seda sobre la bahía. La distancia poseía una fuerza extraordinaria; tuvo la impresión de que se los había tragado, de que se habían ido para siempre, de que se habían convertido en parte de la naturaleza de las cosas. ¡Era tan intensa la calma, tan grande la tranquilidad! El vapor mismo había desaparecido, pero la gran espiral de humo todavía flotaba en el aire, aunque inclinada como una bandera en triste despedida."
El Cementerio marino es uno de los culpables de mi afición a la literatura francesa desde aquel lejano curso preuniversitario - ¿o se llamaba prehistórico?- en el que lo leí por primera vez completo y lo traduje; estaba ilustrado con la fotografía del cementerio de Sète. Luego vendría Brassens a rematar el cuadro.¡Bendita mitología juvenil!
ResponderEliminar(1)
ResponderEliminarHola a todos.
Perdonadme la letra nerviosa y el discurso impulsivo, pero es la primera vez que intervengo y hablo con la falta de confianza del recién llegado y admitido. Mi nombre es Jesús, lo que dará lugar a confusión ya que Jesús ya existe (¡Aleluya!) (debí comenzar diciendo que cualquier momento es oportuno para ahuyentar la seriedad) así que de momento firmaré como el nuevo, hasta que Jesús y Jesús sean diferenciados debidamente.
En primer lugar: gracias por dejarme compartir con vosotros esta… ¿Pandilla de lectura? ¿tertulia? ¿Club? ¿Blog? ¿Conspiración judeomasónica?
Os imagino en torno a una mesa baja, grande y redonda (¡Qué pobres siento mis adjetivos mientras leo a Banville!), cómoda y blandamente repantingados en vuestros asientos ( hay sofá, sillones y sillas duras; la comodidad se reparte desigualmente) y yo me mantengo prudentemente (¿Cuántos adverbios en –mente llevo ya?) en silencio, escuchando, tímido antes de que alguien me empuje a intervenir. A estas alturas, María me ha lanzado ya varias miradas mientras se sirve té verde y Severina me ha dado un codazo, así que trago saliva y allá voy.
Muchas son las cosas que me gustan en “El mar” y de las que hablaréis vosotros antes que yo, pero en una primera intervención me gustaría señalar un tema quizá marginal, quizá no tanto, algo que dota al sentimiento infantil-pero-ya-no-tanto del protagonista en uno de los tres momentos en los que se abre la novela, de eso que llamamos lugar común; una idea que forma parte del “ser niño-pero-ya-no-tanto” independientemente del lugar en que se “es niño-pero-ya-no-tanto”: la fascinación por los otros, la vergüenza por los nuestros.
“Lo primero que vi de esa familia fue su coche, aparcado en la grava, traspasada la verja. Era un coche de techo bajo, un modelo negro abollado y lleno de arañazos con asientos de cuero beige y un enorme volante de madera con radios. Libros de cubiertas descoloridas y con las esquinas dobladas estaban tirados de cualquier manera sobre el estante que había bajo la ventanilla trasera…”
De repente, descubre que existe un tipo de personas que maneja objetos de distinción, propiedades valiosas y tal vez lejanas para él, con absoluta negligencia (coche abollado, libros tirados de cualquier manera). Banville nos habla de la seducción del otro a través de los detalles… qué perogrullada, Banville nos habla de todo a través de los detalles.
De todas las formas de enamoramiento del protagonista, quizá la más universal (aquí me la juego) sea la fascinación que siente el niño por la vida que no es y nunca será la suya. Hay un momento en el que los padres de “otro” son mucho mejores que los propios, su forma de reír o saludar , sus costumbres, sus relaciones, sus posesiones, en fin, su vida, la del “otro” ejerce sobre el niño una fascinación ante la que el mundo conocido se rinde sin apenas oponer resistencia. Debe de ser algo consustancial al desarrollo del niño-pero-ya-no-tanto (¿tenemos psicólogo de guardia en esta tertulia?), quizá el primer signo de su entrada hacia una nueva etapa que, a lo largo de muchos (o no tantos) años, nos prepara para ir deshaciendo lazos, dependencias y cordones umbilicales.
(límite de caracteres, continúa en el siguiente)
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ResponderEliminar“Los veo allí, a mis pobres padres, jugando a que lo nuestro era un hogar en la infancia del mundo. Su infelicidad fue una de las constantes de los primeros años, un zumbido agudo e incesante que apenas se podía oír. Yo no los odiaba. Los quería, probablemente. Sólo que se entrometían en mi camino, me impedían ver el futuro”
Las dos frases “Yo no los odiaba. Los quería, probablemente” son parte de la genialidad de Banville. Qué sencillez para transmitirnos ese intento de justificar al niño que fue y que ahora es padre, y al mismo tiempo dudar y dejar a ese niño a merced de un juicio que es su propio juicio… esta ambivalencia se repite durante todo el relato.
Añadamos que, como planteé al principio, la fascinación por la familia ajena conlleva la vergüenza por la propia. Independientemente de las intensidades del amor-odio por la familia, parece la vergüenza que, mientras el amor es un sentimiento individual, es un sentimiento social: os quise y os admiré mientras estuve solo, ahora me avergüenzo de vosotros, pues yo soy vosotros, yo me convertiré en vosotros, y todo el mundo puede verlo.
“De haber estado en mi poder, habría eliminado allí mismo a aquellos padres que me avergonzaban, los habría hecho estallar como las burbujas que traen las rociadas del mar, mi madre rolliza, menuda y de cara desnuda, y mi padre, cuyo cuerpo bien podría haber estado hecho de manteca”
Quizá haber experimentado algo de todo esto en la niñez-pero-ya-no-tanto sea cosa de Banville y mía exclusivamente, quizá también de alguno de vosotros (eso me aliviaría bastante), quizá de todos. No lo sé. Se me ocurre que la mayor o menor intensidad de la fascinación por “los otros”, forme parte de una forma de ser, sea simplemente un primer experimento de la personalidad que resultará aventurera y deseosa de novedades, ávida de cambios; o en su defecto, de un carácter más complaciente, hogareño, sereno y tendente a lo conocido.
La parte de la vergüenza renuncio a intentar explicarla y me limito a sufrirla ahora que son mis hijos los que prefieren que les deje en la esquina y no en la puerta del instituto. ¿Por qué será?
Ahí os lo dejo.
El nuevo.
Ante todo, ¡bienvenido Jesús, el nuevo! Espero que ya se te haya pasado el nerviosismo. Relájate y disfruta. Somos buena gente (je je)
EliminarA mí también me impresionaron la dos frases que mencionas “Yo no los odiaba. Los quería, probablemente”, sobre todo ese " probablemente" ¡De qué forma tan concisa se pueden reflejar tantos conflictos no solucionados del protagonista!
Es cierto que se avergüenza, pero es una vergüenza llena de temor, el temor de verse abocado, ¿o llevado por las olas?, a ser igual que lo que rechaza. Y eso le angustia y le impide luchar. Sólo le queda observar...y recordar.
Interesante la unión amor individual, vergüenza social, aunque no tengo claro que ambas emociones no sientan de la misma manera el peso de los otros. Todos pueden ver aquello de lo que me avergüenzo, al igual que aquello que amo.
Creo que la clave está en esa niñez-pero-ya-no-tanto que mencionas. El niño, cuando crece, comienza a observar a sus padres desde fuera y lo que ve no le gusta, porque es él mismo el que no se gusta. Necesitará tiempo para reconciliarse consigo mismo, y con los suyos. Y entonces aceptará la realidad, con sus luces y sus sombras ¡Lástima que en ese momento ya no podremos llevarlos al instituto!
No nos confundirán, Jesús, porque el Blog es muy listo y dice quiénes "somos", que mejor si no lo hiciera y así obligaría a poner más atención en la lectura y dos o tres veces para contestar, y para conocernos ─qué opiniones gustos dudas intereses metáforas sintaxis, ese esfuerzo intelectual, cada vez más ausente de nuestro día, más lleno de actividad y obligaciones─, personajes (caracteres) de esta historia, Jesús, el nuevo porque llegaste el último (aleluya digo yo, y hip hip hurra), pero rasgo más envidiado, el joven, ay.
ResponderEliminarUna cita de mi estilista favorito:
«¡Tantas manos para transformar el mundo y tan pocas miradas para contemplarlo!»
Ah, y peor sería si nos llamáramos José Arcadio, o Aureliano.
ResponderEliminarCompañeros de lectura: yo había dejado por aquí un comentario, con un gran esfuerzo, y no sé dónde se ha perdido ¿alguien lo vio?
ResponderEliminarLo he buscado.
EliminarSiento decirte que se ha evaporado, o sublimado, porque de la materia se dice si pasa de líquido a vapor o de sólido a vapor, aunque en este caso no sabría qué decir salvo "ha desaparecido."
(Por hablar, además de "in vivo" y "in vitro", para los experimentos y simulaciones por ordenador se habla de "in silico".)
Pero no eres la única a quien le ha pasado :(
Gracias, Jesús. Lo acabo de hacer otra vez. Respondí a tu comentario y, al publicarlo, me lo cargué, solo que hoy lo comprobé.
EliminarY no puedo repetirlo porque lo había escrito directamente. Con lo bonito que me había quedado, vive dios. Era un comentario a las reflexiones de Jesús el nuevo.Lástima.
Benditos los tiempos en los que las palabras se las llevaba el viento. Ahora ya no se sabe a donde irán. Me imagino a tu comentario intentando hacerse entender en un Blog Coreano sobre inteligencia artificial después de haber recorrido el cyberespacio intentando buscar una salida.
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