miércoles, 29 de abril de 2015

Mujeres y Sumisión

Este blog relajado quiere seguir proponiendo lecturas (yo me lo paso bien, por más Onán y Masoch que sea).  Cuando hace unos años hicimos la prueba presencial, leímos (María o Vanesa, corregidlo y completadlo):
Alice Munro: Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio 
Thomas Bernhard: El malogrado
Jean-Marie Le Clezio: El africano
Muriel Barbery: La elegancia del erizo
Benjamin Constant: Adolphe
Margaret Atwood: Oryx y Crake 
Amélie Nothomb: Ácido sulfúrico
Ahora creo que llevamos 5 en esta etapa: Vargas Llosa, Joyce, Saramago, Modiano y Banville. No está mal. Pero son 5 hombres, debemos corregirnos. En otra entrada ya propuse mujeres que me gustan (no tanto como Alice Munro, ojalá la retraduzcan bien, pero...), empezando por la más grande de las clásicas, Virginia Woolf, de la que acaba de salir una macro biografía (Orlando, Mrs Dalloway, Al faro, Las olas,...)


Por orden alfabético, la mayor es Joan Didion, de quien se está haciendo un documental biográfico, "Nos contamos historias para poder vivir", que se ha financiado en kickstarter. Hay proyectos muy interesantes y se puede colaborar con poco dinero. Rachel Kushner, la menos conocida, del 68, Jhumpa Lahiri, del 67, Marilynne_Robinson, del 43, y Zadie Smith, del 75.




"Narra con una fascinante distancia emocional la muerte repentina de su marido, el también escritor John Gregory Dunne. Este libro tan breve como intenso es, por consiguiente, una reflexión sobre el duelo y la crónica de una supervivencia."

"Un libro brillante y sorprendente, verdaderamente revolucionario, sobre el mundo del arte de Nueva York de los años setenta, la lucha de clases italiana, y la aceleración ciega de los jóvenes hacia lo desconocido."





"Con sus minuciosos retratos de emigrantes indios marcados por un abrupto choque cultural, que los aboca a un inevitable conflicto de identidad, Lahiri teje un delicado y complejo tapiz de las emociones humanas que fascina por su profundidad y carácter universal."









"Ruth relata su azarosa infancia y juventud en Fingerbone, un pueblo del profundo oeste americano que no tiene nada de particular excepto «un clima extravagante» y un lago. Un lago que se tragó al abuelo de Ruth y Lucille, primero, y a su madre después."


"Los protagonistas de la historia, Leah, Natalie, Felix y Nathan, crecieron entre edificios de protección oficial y, ahora en la treintena, la ambición y el azar los han llevado a alcanzar posiciones sociales muy distintas"

P.S. Tenía en borrador esta entrada desde hace un mes, pero luego os animasteis, y he esperado por si seguía la racha (Jesús, en su sugestiva entrada ─que yo no he querido contestar esperando que las de Lengua lo hicieran, ay, ay, ay─ numeró con un 1), pero visto que languidece y por que ya está hecho la publico.












Pero los de Anagrama se han adelantado a octubre, cuando estaba prevista su publicación, y teníamos interés en comentar esta sencilla de leer y polémica e inteligente y provocadora novela.

Podemos opinar de todas estas, seguir hablando de la mar y de sus olas, o disfrutar de la primavera y la valentía de Goytisolo.










domingo, 19 de abril de 2015

Desde dónde escribimos, desde dónde leemos

La literatura habla de nosotros mismos… de lo que somos y de lo que tememos. Y, dicho por María en una entrada anterior, debería ayudarnos a ser mejores. Pero ¿nos dejamos malear por ella? ¿Sabemos desde dónde leemos?

¿Y la lectura, en todo eso? La lectura era otro tipo de allanamiento, la penetración de un cerebro en el mío. Eso explicaría mi reticencia, entre los veinte y los cuarenta años, incluso cuando ya era una lectora voraz, a leer a Marcel Proust. “No puedo tener a ese tío instalado en mi psique veinticuatro horas al día”, declaraba yo”

Y otra cita:
La pregunta que le atribuyo a Bajtín y que leí en los labios de mi profesora de letras, “desde dónde se escribe”, me viene a la cabeza con una violencia y un vigor nuevos. “¿Desde dónde se lee?”, me oigo responder.
Y la última:
Para mí existe un vínculo entre  el exilio y la lectura, entre la deportación y la lectura, entre la persecución y la lectura, entre la humillación social y la lectura[…]

Estas citas son de un libro que leí estos días, Cómo aprendí a leer, de Agnès Desarthe. Un bocado rico, rico. Ya oigo a Jesús preguntar que por qué recurro a las citas en vez de hablar con mi propia voz, pero es que me la robó esta mujer. Vaaale, prestada solo por un rato. No os la perdáis.

Y casualmente, hace un par de días, Millás abundaba en lo mismo:
Furia. Juan José Millás

viernes, 10 de abril de 2015

Describir o casi describir, esa es la cuestión



(1)
He aprovechado estos días con sol y me he dado mi primer baño en el mar en 2015. Más que baño fue remojón, pero mientras me secaba al sol hilé una serie de pensamientos: buen tiempo, ya es primavera, el mar, El mar, Banville ¡el Blog! … y aquí estoy.
                Hoy tengo dos cosas importantes que hacer relacionadas con la llegada del ¿buen? tiempo (bendita holganza de las vacaciones) decidir si me quito la barba o no y escribir mi entrada en el blog.
                Leídas y releídas vuestras intervenciones, creo que el acuerdo es más que unánime y de seguir así vamos a estar de acuerdo incluso en no encontrar un punto de desacuerdo. Nos ha gustado este mar de Banville, nos han gustado sus tres tiempos narrativos, nos ha gustado su forma de rascar en nuestro fondo de vida, nos ha gustado lo que nos contó y nos gusta remover por todo lo que no nos contó. Lo cierto es que el ejemplar del libro que aún tengo en la mesilla no hace más que engordar al atiborrarse de todo lo que comentáis y tengo que volver a él y releer.  Esto de releer, en el caso de Banville, es metalectura, porque ya, como habéis señalado varias veces, la primera lectura conlleva numerosas relecturas. Todos nos hemos detenido para volver atrás y degustar con calma. Yo, a veces, hasta releí en voz alta. Ahora vuelvo sobre lo que ya había vuelto, pero llevado de vuestra mano; el paisaje es el mismo, lo percibido es más grande.
                Todo esto conforma una lectura-relectura- segunda relectura profundamente agradable o agradablemente profunda, no sabría distinguirlas. No me resisto a reiterar aquí mis agradecimientos por dejarme participar. Pero como la conformidad y la paz estéticas terminan siempre por aburrirnos (ya estoy provocando), voy a hacer de sembrador de cizaña divagando sobre un aspecto del estilo de Banville: su gusto por la descripción parcial, subjetiva y sin perfiles.
           Os imagino afilando los colmillos, saboreando ya mi yugular, pero no os precipitéis, aún no me he pronunciado a favor ni en contra. Aún necesito que os distraigáis un instante y que aflojéis la guardia lo suficiente para dejar ocasión a mi estocada. Imaginaos por un momento a Alberti increpando al traductor al grito de: ¡Sólo la mar! ¡Sólo la mar!, y la cara de Banville sin encontrarle ningún sentido a algo que para un irlandés (angloparlante en general) no lo tiene, pues no distingue de géneros al escribir sobre la vida y la muerte (¿por qué femeninas?) y el amor y el dolor (¿por qué masculinas?)
         Os habéis distraido. Ahora es el momento.
         El estilo descriptivo de Banville me parece el más apropiado a su estilo narrativo y en general el de mi gusto como lector. De hecho descripción y narración se funden en su prosa que nunca llega a narrar ni a describir completamente, pues no es tanto lo que cuenta (esto ya lo habéis dicho) como lo que nosotros nos contamos mientras lo leemos, ni tanto lo que describe como lo que nos imaginamos, haciendo posible que este mar sea en cada uno su propio mar. ¿Tenemos una imagen fiable de los personajes o cada uno de los lectores los hemos construido a partir de nuestras propias experiencias ajustándonos a las pocas coordenadas que nos impone Banville? Fijaos, una y otra vez se limita a: color de pelo, delgadez u obesidad, si acaso un comentario sobre la mirada, un gesto inconsciente, altura, laxitud o actividad, modo de sentarse... y poco más; mezcándolo siempre con actitudes, intenciones, apariencias, juicios y, para dejarlo más abierto, el narrador insiste en dudar sobr elos propios recuerdos, una y otra vez.
         Yo también dejo la reflexión abierta, sin concretar, aunque si lo primero que me vais a decir es que el viejo militar está detalladamente descrito como personaje del último presente, no sujeto a la visión deformada de la infancia (lo cual es coherente) deteneos y recordad la reflexión sobre la imposibilidad de que un católico de Belfast hiciese carrera en el ejército. Finalmente es el personaje más delimitado y a la vez más impugnado en su condición por el propio autor.
     ¿Ningún defensor del realismo descriptivo va a recoger este guante? ¿Es cierto lo que digo o solo pongo el foco en lo que me interesa? ¿Le acabaremos echando la culpa al traductor?

jueves, 9 de abril de 2015

Esa muerte que irrumpe

Lo volví a hacer y no sé cómo. Escribí un comentario a la entrada de María comentada por Jesús, lo hice directamente y, al publicar, lo envié a las tinieblas exteriores, cuando menos. Ya enfadada conmigo misma, escribí dos líneas y repetí la acción, así que ahora habrá dos docenas de palabras abandonadas a su suerte, huérfanas y sin destinatarios que las esperen ¡pobrecillas mías!
Me interesaron sobre todo dos de las cosas que dijisteis. En primer lugar, Jesús, el efecto del libro sobre cada uno. Creo que la media docena de ilusos que compartimos estas lecturas compartimos también la idea de que, aun cuando leemos el mismo libro, no leemos el mismo libro. El libro nos habla al oído o nos grita a la cara, pero a cada uno de manera diferente. Eso es lo que nos permite hablar y hablar sobre libros y enriquecer nuestros puntos de vista o cuestionarlos.
La otra idea, María, tiene que ver con esa muerte traidora que irrumpe, no podías haber encontrado mejor palabra, en la vida de los personajes y de las personas. No me sorprende que te haya interesado en esta segunda lectura, porque, a medida que cumplimos años, la sentimos más cerca, invadiendo nuestro espacio. Burlona, impaciente a veces, con o sin dientes, con o sin guadaña, pero con la displicencia de quien sabe que ganará. Disfrazada de cáncer o de mar, pero ganará. Y, sin embargo, hay que nadar, siempre hay que nadar. Por espíritu romántico, por orgullo, por sentido del deber, porque al enemigo, ni agua, por espíritu de supervivencia, incluso por aquello de que mejor morir con honra que vivir con vilipendio. Nademos.
Y, en cuanto a otros temas, dos. Uno, el tratado de forma tan sensible por Jesús, El Nuevo, cuando empezamos la lectura: la vergüenza de los padres, la vergüenza de la propia familia. Pienso que forma parte del crecimiento, del desarrollo de las personas, que es una manera de autoafirmarse por parte del niño y del adolescente. Y que, cuando empezamos a vislumbrar la edad adulta, una de las primeras cosas que necesitamos hacer es reconciliarnos con el niño que fuimos, perdonarle determinadas tonterías y quererlo lo suficiente como para tener una buena salud mental.
El segundo tema es el del ser:
“lo que encontré en Anna desde el principio fue una manera de realizar la fantasía de mí mismo”
“Desde el principio quise ser otra persona. El mandato nosce te ipsum poseyó un regusto a ceniza en mi lengua desde la primera vez que un profesor me obligó a repetirlo después de él. Yo me conocía, demasiado bien, y no me gustaba lo que conocía. […] Siempre fui un nadie inconfundible cuya mayor ansia fue ser un alguien vulgar. Sé lo que quiero decir. Anna, lo comprendí en seguida, sería el medio para transmutarme. Era el espejo de parque de atracciones en el que todas mis deformidades se tornarían normalidad. “¿Por qué no eres tú mismo?”, me decía en nuestros primeros días juntos –eres, fijaos, no te conoces-, compadeciéndose de mis pobres intentos de comprender el gran mundo. ¡Sé tú mismo! Con lo que quería decir, claro, Sé alguien que te guste. Ése fue el pacto que hicimos, que nos aliviaríamos mutuamente la carga de ser quien todo el mundo nos decía que éramos".
Tengo el libro lleno de rayajos, pero hay dos párrafos, este y el siguiente, que me sorprendieron vivamente y que dejé bien señalados. Me gustaron porque, con sencillez, sin grandes aspavientos filosóficos, nos enfrenta a la gran pregunta que todos nos hacemos y que no conseguimos responder, al tiempo que nos muestra a Max, como cualquiera de nosotros, trasladando a otra persona la responsabilidad de la búsqueda de nosotros mismos.
No sé si son horas de meterse en estos jardines ¿no os parece?




«El estilo avanza con zancadas triunfantes mientras que la trama arrastra los pies»

Permitidme que me ponga técnica, pero la conjunción entre antítesis y personificación que se produce en los verbos de esta oración resume perfectamente la  manera de escribir de Banville. Él mismo lo explica en el coloquio con Rodrigo Flesán que nos recomendó Jesús al principio titulado “Un mundo hecho de oraciones” (significativo también) http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=374
Y vamos a comprobarlo empíricamente.  Esta es la sinopsis que yo escribí en agosto de 2017, cuando lo leí por primera vez. No es ni mejor ni peor que otras pero ¿refleja realmente lo que es El mar?
Tres tiempos conjugados en una misma obra: el presente de un viudo, Max Morden, escritor que tras la muerte de su esposa, Ana, vuelve a la casa que ocupó un lugar importante en su infancia, Los Cedros. Es un hombre angustiado y dependiente del alcohol, que mantiene una difícil relación con su hija Claire y, sobre todo, consigo mismo.
El segundo tiempo, la muerte de Ana: sus conversaciones, sus silencios y (lo que más llama la atención) el remordimiento por no haber sido mejor y por sentir no merecerse la lástima que le profesan los demás.
El tercer tiempo, el recuerdo de su infancia que le acompaña desde entonces. La familia Grace y sus gemelos, Chloe y Myles. El “arrobo” que le produce la madre contrasta con las incipientes “relaciones” con la hija y su ¿suicidio? en el mar junto a Myles. La chica que los cuidaba, Rose, se ha quedado como “patrona” de los Cedros y es quien sirve de unión entre los recuerdos y la realidad junto al coronel.
Tristeza, dolor, sexo y unas descripciones que obligan a releer y reflexionar. El mar como ser que se “lleva” a los seres queridos ¿Para qué nadar entonces?
                                                                                                                     
Está claro que una sinopsis no describe realmente a un buen libro. Por eso a veces las contraportadas tergiversan su verdadera profundidad. Y este es un claro ejemplo. Este libro invita a reflexionar sobre muchos temas fundamentales en la vida de cualquier persona.
En esta segunda lectura me ha interesado la forma en que se representa la entrada de la muerte en la vida de las personas. El miedo (“Mi rodilla derecha se asustó y se puso a temblar”), el extrañamiento (“Salimos a la luz del día como si pisáramos un nuevo planeta en el que sólo viviéramos nosotros”) y, sobre todo, esa mezcla de irritación y vergüenza que cree compartir con Ana en un momento en el que parecen vivir en realidades distintas pero simultáneas (“ Era como si nos hubiéramos revelado un secreto tan sucio, tan desagradable, que casi no pudiéramos soportar  la compañía del otro, aunque sin ser capaces de separarnos, los dos sabiendo esa cosa nauseabunda que el otro sabía y unidos por ese mismo conocimiento. A partir de ese día todo sería disimulo. No habría otra manera de vivir con la muerte”). Parece difícil expresar de otra manera ese periodo de convivencia en el espacio y en el tiempo, en un momento en el que no hay tiempo (“estatuas derribadas de nosotros mismos, buscábamos escapar de un presente intolerable en el único tiempo verbal posible, el pasado, es decir, el pasado remoto”)
Hay otros temas que también me han llamado la atención, pero igual prefiero que digáis alguno de los que os ha interesado a vosotros ¡Son tantos!