viernes, 21 de noviembre de 2014

Cuarto Libro

Será evidente la elección, pero reúne muchas ventajas.
Ayer comimos Vanesa, Seve, María y Jesús en Azabache, Mompía, agradable el ambiente, normal la comida, pero sobre todo hablamos (y escuchamos, qué difícil, profesores) y estuvimos a gustísimo unos con otros (digo yo) hablando de todo, que para eso queremos ser amigos, y del blog moribundo, éste.

Como soy el menos ocupado (por definición, sexo masculino, si no eres ´futbolero' ¿qué va a ocuparte?) voy a tirar un poco más de estas riendas hasta que alguien me diga soooo o yo me haga del Madrid (o de Podemos). Además se me acaba mañana la Fórmula 1.

Y es verdad que "la carne es triste" o querrá decir sólo que en ese momento "está triste", y que yo he leído casi todos los libros (parece petulancia pero ─ayer se lo dije a Vane─ es sólo que tengo muchos años y que he pasado mucho tiempo con un libro entre los brazos, quiero decir entre mis brazos un libro...), pero tengo la ventaja/desventaja de que se me olvida casi todo, y los aprovecho poco, así que podemos leer a Modiano, que ahora es Premio Nobel y desacreditarlo es menos fácil.

He buscado y parece que los dos primeros los leí en julio del 93, toma ya, más de 20 años, eran El libro de la familia y El rincón de los niños. Deduzco ahora que lo hice porque me iba a vivir a París, y hay que reconocer que si no te gusta París, y Francia y la literatura francesa, no te va a gustar Modiano. Sobre todo los cafés franceses, el mirar a los demás sentado en el Café de la Mairie de la Place St Sulpice, cerca de donde vive, y donde se sentó Perec a describir todo lo que veía pasar. Es la principal diversión de un parisino, sentarse en una de esas pequeñas mesas de bristo a tomar un café o una cerveza o una ensalada, mirar a los que pasan y hablar con quien está a tu lado. 











Me pasa con Modiano, que siempre escribe el mismo libro, como con Simenon, o como con Proust, o como con Gracq, es casi igual abrir cualquier libro por cualquier página. No es tanto la historia, es el contar, es el narrador, es la melancolía, la memoria, el tiempo que hemos vivido (?), lo que nos gustaría haber sido, lo que somos, lo que nunca seremos. Y los que nos han acompañado (que muchas veces han desaparecido o los hemos olvidado). Modiano es también como un crusán de mantequilla, que no te importaría desayunar todos los días. Bon appétit.

  

De las dos entradas del café, siempre prefería la más estrecha, la que llamaban la puerta de la sombra. Escogía la misma mesa, al fondo del local, que era pequeño. Al principio, no hablaba con nadie; luego ya conocía a los parroquianos de Le Condé, la mayoría de los cuales tenía nuestra edad, entre los diecinueve y los veinticinco años, diría yo. En ocasiones se sentaba en las mesas de ellos, pero, las más de las veces, seguía siendo adicta a su sitio, al fondo del todo. No llegaba a una hora fija. Podía vérsela ahí sentada por la mañana muy temprano. O se presentaba a eso de las doce de la noche y se quedaba hasta la hora de cerrar. Era el café que más tarde cerraba en el barrio, junto con Le Bouquet y La Pergola, y el que tenía una clientela más peculiar. Ahora que ha pasado el tiempo me pregunto si no era sólo su presencia la que hacía peculiares el local y a las personas que en él había, como si lo hubiera impregnado todo con su perfume. Vamos a suponer que llevan allí a alguien con los ojos vendados, lo sientan a una mesa, le quitan la venda y le preguntan: ¿En qué barrio de París estás? Bastaría con que mirase a los vecinos y escuchase lo que decían y es posible que lo adivinara: Por las inmediaciones de la glorieta de L’Odéon, que siempre me imagino igual de lúgubre bajo la lluvia.





3 comentarios:

  1. Me gusta la elección, Jesús, y estoy de acuerdo con tu valoración de la comida: disfruté mucho del calor de vuestra compañía.
    Es mi pimer libro de Modiano (mea culpa) y creo que me gustará porque me gusta mucho Francia y lo francés, llámese literatura, pintura o cafés. En mi bachillerato se estudiaba francés, quieras o no, pues, aunque en los institutos había cierta libertad de elección, yo estudié en un colegio privado, interna, con una beca, ya que los institutos estaban bastante lejos. Y para una niña de provincias con un poco de curiosidad, aficionada a la radio y sin televisión, Francia, a través de Aznavour y Piaf, era puro exotismo. Exotismo que se mantiene porque apenas he tenido ocasión de visitar el país, que se sitúa en cabeza para mis viajes de la jubilación...
    Voy a seguir tu consejo de empezar el libro de nuevo y trataré de buscar el momento para leerlo seguido.
    Ya os diré.

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  2. ¿Me permitiréis hacer de "voyeur"? No estoy ahora en condiciones de seguir el plan de lectura, pero leo con gusto vuestras aportaciones tan inteligentes.
    Un abrazo,
    Pilar

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    1. Estamos encantados de que te quedes y, cuando te apetezca, dices lo que quieras. Y si puedes hacer un esfuerzo y leerlo, es corto, se lee bien, te gustará.

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