lunes, 5 de enero de 2015

Reflexionando

Tras leer vuestras críticas sobre el libro recordé -en unas de mis investigaciones virtuales- algo que resumía la sensación final que tuve al leer el libro. Revisando mis búsquedas, encontré la una pequeña reseña de la Revista Clarín.  En ella, Adrián Sanmartín destaca la presencia de Modiano en sus novelas:

“Una constante en los personajes de Modiano es la soledad: la soledad y la necesidad de afecto. Por eso todos nos resultan tan cercanos y a todos deseamos abrazarlos. Al propio Modiano. La literatura y la vida se entremezclan de una manera diferente a la que últimamente estamos acostumbrados: el autor nos pide nuestra ayuda. Para él y para todos los suyos.”

Quizá tenga razón Jesús cuando afirma que la dificultad para comprender a Modiano aumenta si el lector casi no ha vivido. Es mi caso. Afortunadamente he perdido pocas cosas en mi vida, aunque las que he perdido me han marcado. Por eso, la necesidad de afecto (¿de los personajes? ¿del propio autor?) de la que habla el crítico de Clarín se me revela como una constante agonía. El estilo melancólico, que no nostálgico, inunda sus páginas y cala en el lector como el humo bohemio de Le Condé. Nunca pensé que Louki se suicidaría, confiaba en que se aferrase a la vida. Ahora, tras leer comentarios y hablar con otras personas del libro, me parece algo inevitable. ¿Cómo iba a ser feliz Louki con Roland?

En cuanto, al estilo, me ha encantado. La claridad, la concisión y el ese decir tanto con tan pocas palabras me gusta y mucho. Como Modiano, mi “corta vida”, Jesús, me marca como lectora, y suelo tener más afinidad con escritores (aunque también con personas) que dicen mucho y hablan/escriben poco (vamos, igualitos a mí).

Os dejo la reseña, por  si queréis echarle un vistazo:


viernes, 2 de enero de 2015

Modiano, Pivot

Al recibir el aviso de una nueva entrada de María modesta (¿habéis visto con quién va el adjetivo?) y dirigirme al blog ("para leerlo mejor" dijo la abuelita) me alegró la vista ver que en nuestro solitario archivo había ya entradas de 3 años. 2015, ¿cuánto durarás aquí escrito, quién te visitará?

Después de leer la crítica de María y reconocer lo principal que ella dice, empecé a escribir la mía antes de que se me olvidaran algunas ideas, no originales, seguro, pero personales en todo caso. Y al buscar un dato me encontré con la reseña que hizo de la novela Bernard Pivot, el crítico audiovisual más respetado y reconocido, no sólo en Francia. Su programa más famoso, Apostrophes, se veía allí en horario de máxima audiencia, viernes 9h30, durante 15 años (Marguerite Yourcenar 1979 subt castellano).

James Lipton, que dirige y presenta Inside the Actor's Studio, un programa magnífico de entrevistas a gente del cine que en España emite Canal+, siempre termina mostrando su admiración por Pivot y haciendo un cuestionario Proust/Pivot. (Entrevista con el maravilloso James Gandolfini.) Y pensé que ya mis ideas habían dejado de ser personales, porque iba a decir menos y peor, aunque parecido, a lo que había escrito Pivot. Por eso lo traduje con gusto pero ligero, esperando que os interese más que lo que yo hubiera escrito. He subrayado lo que me hubiera gustado decir a mí, pero que sólo estaba en mi cabeza y no sé cómo habría quedado si lo hubiera escrito. [Es más fácil ser feliz en la ignorancia, o mejor, sólo se puede ser feliz si se cierran los ojos. Perdón.]
Cuanto más se lee y relee a Patrick Modiano, más se es golpeado por su coherencia ─algunos simples dicen uniformidad─. El campo, los techos de paja y los pájaros están ausentes de sus novelas, no se puede decir que labra su tierra a fondo. Mejor como metáfora el taxista que viaja por París en todas las direcciones, llevando mujeres y hombres diferentes cada vez. Pero tiene sus preferidos: los humildes, los taciturnos, los perdidos, los viajeros enigmáticos. En la década de 1960, en Le Condé, cerca del Carrefour de l'Odéon, una de los habituales, la joven Louki, era particularmente misteriosa. Luminosa, siempre entraba por la puerta estrecha, la de sombra y, casi siempre en silencio, permanecía allí.
En el café de la juventud perdida, la nueva novela de Patrick Modiano, es una de las más conmovedoras. Pero,como siempre, sin excesos. Investigación y vigilancia. Recuerdos y testimonios. Preguntas sin respuesta. "¿Encuentra algo que la haga feliz?" ¿Dónde encontraría Louki su felicidad? ¿En los cafés? ¿En los libros? ¿En andar de un lado a otro? ¿En el matrimonio? ¿En la huida? Lo ha intentado todo, incluidos las drogas y lo esotérico, pero, como tantos otros, será barrida por el tiempo.
En el colegio de Montcel, en Jouy-en-Josas,donde estuvo interno, Patrick Modiano conoció a "niños maltratados, no queridos, hijos perdidos [...] La mayoría de estos valientes muchachos no tendrían futuro"(Un pedigrí). Una de sus novelas se titula Tan valientes muchachos y comienza con una evocación de esos "hijos del azar y de ninguna parte". Él era uno de ellos, y probablemente hubiera tenido un destino mediocre como ellos si no hubiera sido pronto atraído por la lectura y la escritura. Patrick Modiano permaneció, cómo decirlo, cariñosamente cerca de sus camaradas sin futuro. Tan cerca, que se les encuentra en sus novelas, especialmente en esta, donde Louki, cuyo nombre era en realidad Jacqueline, no deja de seducirnos intrigarnos confundirnos y emocionarnos.
Huye porque cualquier cosa que pudiera retenerla se oculta bajo su dificultad para vivir. Uno de los asiduos al Condé anotaba en un cuaderno los nombres de los clientes, con la fecha y hora exacta de su visita al café. Los llamó "puntos fijos". Este trabajo extraño le resultaba mentalmente necesario. Como otro personaje, un detective privado contratado por su marido para encontrar a Louki, que ha comprendido que para vivir se necesita un ancla. "En esta vida, que a veces nos parece como un gran solar sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura. Y entonces creamos vínculos, intentamos que sean más estables los encuentros azarosos." Pero París es una ciudad que se rebela a la posesión. Hay límites, zonas neutras e incluso agujeros negros. Pensiones, cafés, hoteles. ¿Cuáles son los puntos fijos? ¿Cuáles las referencias? Louki no se ha llevado la llave de la vivienda conyugal. Nunca va a volver.
Lo fascinante de nuevo en esta novela es la habilidad de Patrick Modiano para dispersar su autobiografía en sus personajes principales. Cada uno no es obviamente él pero cada uno es, sin sentirlo, un poco él. Recuerda, evoca, se adapta, se traspone. Frases de Modiano, tan simples y trabajadas, vibran con una tensión dolorosa que se remonta a su infancia. Nadie sabe mejor expresar su deseo de otra cosa, pero ¿qué? El deseo de estar en otro lugar, pero ¿dónde? La esperanza de otra vida, pero ¿cuándo? Él sufrió de soledad, y si otra soledad, la del escritor, la sustituye, no se ha olvidado de la primera, que restaura con una sensibilidad luminosa después de cincuenta años. Nunca debe confundirse en Modiano la melancolía con la nostalgia. Ni a quien anda errante con el paseante ocioso. 
Otra característica de la forma Modiano: extrema precisión en los lugares, incertidumbre crónica de fechas. Mientras que el novelista lleva a sus personajes y a sus lectores de Odeón a Neuilly, de Pigalle al square Lowendal en el XV, de la orilla izquierda a la derecha y viceversa ─el Sena es para Louki "una frontera", una "cortina de hierro"─ el autor de El lugar de la estrella, Los bulevares periféricos, Calle de las tiendas oscuras, Barrio perdido, En el café de la juventud perdida, deja el tiempo con las riendas sueltas. Un poco de meteorología, pero nunca calendario. El encanto poético de Modiano se basa en una geografía rigurosa y una cronología liberada. No comenzaría una ficción con "en ese momento". Prefiere "en ese lugar". Luego el tiempo invadirá la escena con su oscura claridad.
Creo que Modiano no se comprende fuera de la cultura y de la tradición literaria francesa, sea la búsqueda del pasado de Proust (no el estilo), sean las investigaciones humanas de Simenon. También pienso que, siendo el pasado el núcleo de sus novelas, es más difícil valorarlas cuando casi no se ha vivido y casi no se sabe lo que se ha perdido y lo que no va a volver a tenerse. (Ahora le tengo cariño a ésta, pero la primera vez que las leí quedé más médusé por Dora Bruder.)

P.S.
En prosa, leer el original está bien si se tiene un dominio notable, si no se pierde más de lo que se gana. Lo esencial es que la traducción sea buena. Se insiste demasiado en el valor de la traducción directa de idiomas raros. Así La historia de Genji tiene dos buenas traducciones del inglés al español, porque los traductores saben inglés y saben escribir bien en español, que debe ser condición necesaria.

El lenguaje de un Nobel

Varios personajes y una voz, un narrador que rodea al personaje principal sin descubrirlo del todo. Calles de París que forman parte del trasfondo de la historia y que pueden seguirse con facilidad en el mapa que nos ha preparado Jesús. Está claro que todos estos elementos no podrían tener la relevancia que tienen sin un estilo determinado, sin un manejo del lenguaje propio ¿Opinamos sobre él?
Por mi parte, lamentablemente, lo he leído traducido. Me encantaría escuchar lo que opináis los que lo habéis leído en su lengua original ¿Qué os ha parecido?
A mí me ha gustado mucho la concisión. Oraciones cortas, precisas pero no obvias. La claridad no está reñida con la sutileza. Hay muchos espacios en blanco que aportan un tempo lento a la historia (parece que no pasa nada, podría decirse) Sin embargo, bajo la serenidad aparecen muchas "tormentas". En unos casos, tormentas interiores de los personajes, en otros, tormentas que parecen flechas lanzadas al lector, que le obligan a detenerse y a reflexionar sobre sí mismo.
Os dejo algunas de las que me han hecho pensar:

" En el fondo, Bowing estaba deseando salvar del olvido a las mariposas que dan vueltas durante breves instantes alrededor de una lámpara"

"En esta vida, que a veces nos parece como un gran solar sin postes indicadores, en medio de todas la líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura. Y entonces creamos vínculos, intentamos que sean más estables los encuentros azarosos."

"¿Somos realmente responsables de las comparsas que no hemos escogido y con las que se cruza nuestro camino cuando empezamos a vivir?"

En definitiva, un estilo sucinto pero cargado de significado, con referencias directas a la realidad que no se comporta como un mero decorado, sino que se llena de protagonismo, centrado en temas esenciales para todos: la memoria, la relación con los demás y su influencia en nuestras vidas. Ese es mi punto de vista sobre el lenguaje del Nobel 2014 ¿Y el vuestro?