Su modelo último, en el fondo, es el emperador Augusto; no es un modelo cualquiera. Como sabrá, se conservan los discursos de Augusto en el Senado, y estoy seguro de que los ha estudiado atentamente. —Calló y añadió, cada vez más pensativo—: Podría ser una gran civilización, no lo sé… ¿Conoce Rocamadour? —me preguntó de repente, empezaba a adormilarme un poco y le respondí que no, no lo creía, o quizá sí, tal vez lo había visto en la televisión—. Tiene que ir allí. Está a solo veinte kilómetros; no se lo puede perder. La peregrinación de Rocamadour era una de las más famosas de la cristiandad, figúrese. Enrique II Plantagenet, Santo Domingo, San Bernardo, San Luis, Luis XI, Felipe IV el Hermoso…, todos se arrodillaron a los pies de la Virgen negra, todos ascendieron, de rodillas, las escaleras que conducen al santuario, rogando humildemente el perdón de sus pecados. En Rocamadour podrá hacerse una idea de hasta qué punto la cristiandad medieval fue una gran civilización.
[¿Recordáis que así se llama el hijo de la Maga, en Rayuela?]
Y lo que también sintió fue que la verdadera divinidad de la Edad Media, el corazón vivo de su devoción, no es el Padre, ni siquiera Jesucristo; es la Virgen María. Y eso también lo sentirá en Rocamadour…
El juicio moral, el juicio individual, la individualidad en sí misma no eran nociones comprendidas claramente por los hombres del románico, y también yo sentía disolverse mi individualidad, al hilo de mis ensoñaciones cada vez más prolongadas ante la virgen de Rocamadour.
Comentaba en primer lugar que, por una inexplicable omisión, Huysmans aún no había entrado en el catálogo de las ediciones de la Pléiade, a pesar de que era evidente que formaba parte del corpus de los clásicos de la literatura francesa; en eso no podía más que estar de acuerdo. Proseguía afirmando su convicción de que si había que confiar a alguien la edición de las obras de Huysmans en la Pléiade solo podía ser a mí, en virtud de la excelencia universalmente reconocida de mis trabajos.
Desapareció, probablemente para pedir que nos trajeran la bebida. Mi sillón se hallaba frente a una alta ventana antigua, de cristales separados por una celosía de plomo, que daba a las Arenas. Era una vista excepcional, creo que era la primera vez que tenía una panorámica tan completa del conjunto de las gradas. Sin embargo, al cabo de unos minutos, me acerqué a la biblioteca; también era impresionante.
El Bouguereau sobre la chimenea representaba a cinco mujeres en un jardín —unas vestidas con túnicas blancas, las otras casi desnudas— rodeando a un niño desnudo, de cabello rizado. Una de las mujeres desnudas se tapaba los senos con las manos; otra no podía, sostenía un ramo de flores silvestres. Sus senos eran bonitos y el artista había resuelto perfectamente los drapeados. El cuadro tenía más de un siglo y me parecía muy lejano, la primera reacción era quedarse boquiabierto ante ese objeto incomprensible. Lenta, progresivamente, uno podía intentar ponerse en la piel de esos burgueses del siglo XIX, esos notables con levita para los que se pintó ese cuadro; al igual que ellos, ante esas desnudeces griegas se podían sentir las primicias de una conmoción erótica, pero era un viaje en el tiempo trabajoso, difícil.

(I)
ResponderEliminarSUMISIÓN MICHEL HOUELLEBECQ
Liberté, egalité y misoginia.
Según la editorial Anagrama, sumisión es una novela de política ficción (como 1984 y Un mundo feliz), una turbadora fábula política y moral, bla, bla ,bla.
Así entré yo en esta novela, conducido por un pasen y vean que a ver si aprendo de una vez que es mucho mejor no leer. Cuando salí de ella, y reconozco que no me entretuve remoloneando en la puerta de salida, y me volví a encontrar con esa contraportada no pude menos que refunfuñar un: Mentira. Si yo tuviera que definirla diría que es una novela de honda misoginia que aborda una trama de ficción desde la premisa de que las mujeres no existen como personajes actuantes, ni en la trama novelesca, ni en la sociedad ni, por supuesto, en el curso de la historia. A partir de ahí el autor disfraza de choque de culturas una hipótesis futura a cortísimo plazo, la ascensión de la cultura musulmana al poder en Europa, no tanto para desmembrar la cultura relativista y decadente occidental como para llenar la anodina y huera vida de su narrador protagonista… Con esta facilidad mía para ganarme amigos es obvio que nunca me contratarían para hacer las contraportadas en Anagrama. Ni en anagrama ni en ninguna parte.
Antes de pasar a dar mandobles quiero dejar bien claro qué pedazo de escritor para estos tiempos que corren. Ni por un momento me aburrió, ni me dejó al margen de la historia ni, por supuesto, de su forma de contarla. Escribir, escribe bien, pero antes de la mitad del libro ya no me creía nada. Si queréis discutimos sobre si el misógino es el protagonista o el autor, pero que el centro de esta novela es la misoginia no me lo discute nadie… cosa que tampoco estaría mal de entrada, podríamos verlo, el gran problema es que sea del protagonista o del autor, en la novela la misoginia necesita empaparlo todo para que la ficción se mantenga… no sé si me estoy explicando… me acaloro!!!!!
(sigue)
(II)
ResponderEliminarAviso a navegantes, no me vengan con que hago una lectura moral sobre la obra. Para nada, no soy de esas!!!! Les recomiendo (si acaso no la han leído ya) Las benévolas, de Jonathan Littell. Sin ningún intento de justificación, sin crear una realidad a medida de sus perversiones, con todas las contradicciones de una asesino homosexual en las SS, se crea una belleza del abismo, del mal, de lo humanamente inhumano… En Sumisión, el amigo Michel H se inventa una realidad que ni existe, ni existirá ni nunca ha existido; y no estoy hablando del ascenso al poder del Islam en Europa: Michel H necesita vaciar de contenido todo lo femenino para poder avanzar en su hipótesis. No es la cosificación de la mujer (que también) ni su intranquilizadora apatía (que también) ni la sumisión femenina que es admitida como una certeza en tal escenario (que también), es la suma de todas esas cosas y, sobre todo, la certeza del protagonista (atención: nunca impugnada directa o indirectamente por el autor ni ninguna situación ni ningún personaje!!!!!) de que el mundo es así. No digo y no dice: será así en ese año 2022, noooo, el mundo es así ahora y lo ha sido siempre. Lo normal es mujer-culo- tetas, hombre-cerebro-palabra. Mis primeras alarmas saltaron en la página 23:
“y yo era, como se confirmó en los primeros minutos, un hombre de una absoluta normalidad”(sic)
Perdoné la osadía en el contexto del personaje… es cuestión del personaje, vive en un mundo cerrado y mínimo, es su visión de la normalidad, habrá otras referencias… ya he dicho que poco antes de media obra me dí cuenta de que no.
“Cuando ella se dejó caer en el sofá, dirigiendo una mirada hostil al tabulé, pensé en la vida de Annelise y en la de TODAS LAS MUJERES OCCIDENTALES”
No quiero aburriros con citas y citas, me limitaré a lo más significativo.
El personaje de Marie-Francoise… una mujer inteligente, superior a él, mayor que él, a la que describe del siguiente modo: “era la primera vez en diez años que me cruzaba con ella (error, has hablado con ella hace tres capítulos) y me daba cuenta de que HABÍA SIDO UNA MUJER (sic) e incluso en cierto sentido que aún lo era, y que un hombre, un día, pudo sentir deseo hacia esa criatura encogida y rechoncha, casi batracia.” No digo que no sea coherente con un narrador que se acuesta compulsivamente con sus alumnas de 22 años: no considera a una mujer de más de 30 mujer, ya que la mujer solo lo es con contenido sexual en un continente sexualmente de su gusto. El problema viene más adelante: resulta que Marie-Francoise es solo una excusa para llegar hasta su marido que será el que realmente tenga algo que aportar a todo esta historia. Cuando llegué al momento en el que se reúne con ellos en el pueblo y durante la cena el marido habla y habla y aporta mientras Marie-Francoise no abre la boca en toda la noche y solo cocina, sirve la mesa y atiende a los dos varones que a ella se sientan. Sinceramente, el narrador será muy coherente, pero el personaje de la sumisa Marie-Francoise no se lo cree nadie.
(sigue)
(III)
ResponderEliminarEl personaje de Miryam. Esa chica judía se marcha del país por ser judía!!!!!! Nos quiere embaucar con la excusa del choque de culturas!!!!! Pero por Dios!!!!! Realmente alguien puede ver en el libro que los grandes perjudicados son los judíos? Cómo sufriría más ese personaje, por ser mujer en ese París islamizado? Por ser judía en ese París islamizado? O por ser mujer en un mundo previo al ascenso islámico en el que sólo es culo y tetas?
Y podría seguir así líneas y líneas. Capítulo tras capítulo se nos va transmitiendo la idea de que ese hombre es de “una absoluta normalidad” ergo todos los hombres son así, de que las putas sienten placer cuando él folla con ellas, de que las veinte añeras son gilipollas y año tras año tiene una nueva y sexualmente explosiva, que la que no folla con él es una reprimida… pero todo ello no es nada al lado de la conclusión general:
Ninguna mujer tiene voz propia en la obra. El único antagonista femenino es Marie Lepen (válgame el cielo) que además ha de dejar a un lado su femineidad e intentar parecerse más a Ángela Merkel (volvemos a la idea de que la mujer que no es sexualmente atractiva pierde su condición femenina) y aún así no tiene voz. No hay mujeres en la política francesa, no hay mujeres en la calle que hablen, ninguna mujer se opone, ninguna revolución femenina, ninguna oposición a que el mundo se transforme en la justa medida que al narrador interesa, un cambio radical en pocos meses con el absoluto silencio femenino… en definitiva, las mujeres más allá de ser cosificadas han desaparecido de la historia, se les roba la voz para poder sacar adelante esta ficción. Por eso no he podido creérmela, por eso , a pesar de tener una prosa ágil, el libro se me iba cayendo de las manos y dejé el boli rojo y me alegré mucho de que, en caso de que esto pudiese llegar a empezar a suceder, existen las mujeres y con ellas aquí esta historia es imposible… y porque en contra de lo que dice el narrador, él no es un tipo normal, un tipo normal soy yo.
“La detección de los muslos de las mujeres y la proyección mental reconstruyendo el coño en su intersección, proceso cuyo poder de excitación es directamente proporcional a la longitud de las piernas desnudas” (Es básicamente lo que se veía en las películas de Pajares y Esteso, pero dicho por un intelectual francés)
Bueno, vengo poco por el Blog, pero cuando vengo lo lleno.
Un abrazo a todos. ¡Feliz verano!