martes, 23 de junio de 2015

El hombre sin atributos

Sobre el Atlántico avanzaba un mínimo barométrico en dirección este, frente a un máximo estacionado sobre Rusia; de momento no mostraba tendencia a esquivarlo desplazándose hacia el norte. Las isotermas y las isóteras cumplían su deber. La temperatura del aire estaba en relación con la temperatura media anual, tanto con la del mes más caluroso como con la del mes más frío y con la oscilación mensual aperiódica. La salida y puesta del sol y de la luna, las fases de la luna, de Venus, del anillo de Saturno y muchos otros fenómenos importantes se sucedían conforme a los pronósticos de los anuarios astronómicos. El vapor de agua alcanzaba su mayor tensión y la humedad atmosférica era escasa. En pocas palabras, que describen fielmente la realidad, aunque estén algo pasadas de moda: era un hermoso día de agosto del año 1913.”

Así comienza una de las novelas más importantes del siglo XX, menos leída aun (y conocida) que Ulises. De los muchos tics y fáciles costumbres del escritor Hulbek esta es una, la meteorológica. Otras se limitan a casi copiar de la Wikipedia (Princesa de Asturias, bien) cuando hace turismo y a citar con minuciosidad todas las marcas y tipos de comida que se le pasan por la cabeza. No voy a cansaros con ejemplos, porque los pocos que hemos conseguido terminarla lo vemos por todas partes. Calificarlo o valorarlo, cada uno como quiera. Es su derecho y el nuestro. Es un escritor siglo XXI y su primera baza la gana, se le lee. Estas semanas es el libro más vendido (también en Argentina, he visto), lo ha sido en Francia desde enero.

Claro que las editoriales mienten, como todos los que venden, en este mundo de consumo, nadie debería leer una solapa, que cuando no destripa engaña. El libro no es una distopía, aunque lo pretenda, salvo en detalles. Porque lo que describe, tal como lo hace o lo construye ─poco─ se desmorona. Pero sí que desarrolla los instintos más básicos de los humanos, atreviéndose a poner en palabras pensamientos machistas y de constante desprecio a las mujeres. Y a mí me interesa por eso. Lo hizo cuando lo leí en francés en enero, lo recomendé “en este sentido” como libro “interesante”, para debatir tomándolo como partida. Y los resultados no me han decepcionado, sino todo lo contrario. Casi nadie lo ha leído, y los que lo han hecho, sueltan pestes o les resulta simple e indiferente.

Hoy por eso, prefiero reconocer que lo que me importa es haberos visto frente a este libro, Jesús, Rosa, María, Seve. Me ha hecho pensar, otra vez, porqué es tan difícil comunicarse en profundidad con los demás, porqué nadie quiere leer lo que le desagrada o le pone frente a lo negro (El hambre de Martín Caparrós), porqué sólo gustan historias románticas, personajes con los que identificarse, finales felices, porqué cada vez más irritantemente en el teatro se oyen risas cuando se representa La señorita Julia, Tío Vania o Rey Lear. No soportamos la parte oscura de la vida ni en representación. No nos gusta que nos digan cómo somos algunos o cómo no somos porque nuestra cultura, nuestra educación nuestro imperativo categórico nos frena.

El protagonista (narrador, autor casi, podéis verlo en una “película”, El secuestro de Michel Houellebecq) es un profesor de universidad parisino de 40 años. Cada palabra aquí importa. No es España, ni un pasiego, el que tiene rollos con universitarias parisinas (de nuevo son necesarias las dos palabras). Yo me lo creo. Sus hábitos sexuales, sus fantasías reflejan también una realidad a escala global, demostrada de muchas formas y de las que hoy prefiero no dar datos, porque es de mal gusto hablar en público de ello (Houellebecq se atreve). El sexo es una de las mayores frustraciones de la mayoría, hombres y mujeres por causas distintas. Cada vez más, como todo, por la mentirosa publicidad, siempre el capitalismo detrás, “por detrás”, también aquí. La emulación de lo irreal en películas, novelas romántico-eróticas, pasarelas, revistas, etc. y cada vez más (gimnasios llenos), qué hombre no es capaz de hacerlo tres veces seguidas, qué mujer de multidisfrutar a fondo. (Ahora van a por la “viagra” femenina, bien, otro logro de la humanidad.) Siempre la productividad, no la calidad, no el deseo, la ternura, pensar en el otro.

De la utopía concreta, el islam en el poder, que es lo de menos, el mejor político francés fue para mí Jospin, tanto que en las presidenciales quedó tercero en la primera vuelta (se retiró de la política) y pasaron Chirac y LePen. (Se decía, luego tantas veces hay que hacerlo, “votaremos con una pinza en la nariz” a Chirac.) Ahora la ultraderecha es el primer partido en Francia (es que en España no tenemos, jaja), y el porcentaje de musulmanes de segunda y tercera generación es el más alto de Europa (unos 4 millones). Y yo si tuviera que elegir votaría a Ben Abbes.

Y para ponerme tan grosero, o más, porque lo mío es opinión en primera persona, creo que hay mucho de cierto en el sentimiento de los hombres de haber perdido poder y estar desconcertados frente a ello. Si me perdonáis lo que voy a decir (si os molesta lo retiro) qué hombre no se convertiría al Islam si le ofrecen lo que en la novela. (Y cuántas mujeres no están encantadas de la vida hoy en Emiratos, siendo sumisas, gastando dinero sin medida, haciendo lo que prefieran en su casa, sin preocuparse por nada más que satisfacer a su señor.) ¿Cuántos chinos se quejan de vivir bajo una dictadura, cuántos preferirían una democracia sin crecimiento y sin bienes de consumo? ¿Cuántas mujeres, hoy en España, cuántas chicas que sólo cuentan con lo que su cuerpo ofrece no lo aprovechan para alcanzar niveles de vida más altos? Ha sido siempre así, ¿Y ahora no? ¿Y creéis indiferente la moda del legging en invierno y los pantalones cortísimos en verano? Porque seré yo, viejo verde salido, pero se me van los ojos a veces detrás de niñas de 14 años (desarrolladas), que con poca consciencia (¿sus madres?) pasean sus encantos. (Yo, por el freno de mi educación, enseguida me controlo, pero ¿no consideráis que otras culturas tienen derecho a no permitirlo y sentirse ofendidos? ¿O pensáis sin más que eso forma parte de la “liberación” de la mujer?)

Lo que quería decir sobre todo era que me ha sorprendido ser el único al que le ha interesado este libro, no como novela, sino por poner en palabras muchos de los más bajos comportamientos “normales” de los que seríamos (somos) capaces casi todos. Esta diferencia con vosotros me sienta mal, yo no quiero ser distinto de vosotros. Si a Rosa no le gusta, si María no puede empezarlo, si a Seve se le cae de las manos, si Jesús sólo ve a un misógino, sin aceptarlo como verosímil, algo falla, en mí. Pero me alegro de debatir con vosotros, porque es la manera de preguntarse por las diferencias, de dudar más de uno mismo.

No puedo, después de este fracaso literario, recomendaros una obra maestra, Viaje al fin de la noche, de L. F. Céline (la traducción española es algo blanda). Qué por cierto era profascista, etc. etc. Y qué parecido físico con Hulbek.






















También me duele tanta ignorancia de hechos cuantitativos (yo pondría una gran multa a la editorial como al traductor. Y me gustaría contar sobre las últimas teorías de un universo de la nada):
—Sí, el universo es muy bello; y, sobre todo, su gigantismo es asombroso. Cientos de miles de millones de galaxias, compuestas cada una de cientos de miles de millones de estrellas, algunas de las cuales se hallan a miles de millones de años luz, cientos de miles de millones de millones de kilómetros. [...] ¿cuántas tendrán el valor de sostener que todo eso se ha creado por casualidad? Más aún puesto que el universo es relativamente joven, quince mil millones de años como mucho. 
El nuevo éxodo judío
Más de 7.000 franceses se trasladaron al Estado hebreo en 2014. El doble que el año anterior. Encabezan por primera vez la inmigración a tierra israelí. Los atentados islamistas de Toulouse y París y el temor al antisemitismo han espoleado el éxodo. Muchos de ellos son jóvenes.


El Instituto Nacional de Estadística cifra en 3.672 millones de euros el dinero que mueve la prostitución. Detrás hay otras cifras: 100.000 mujeres y casi tres millones de clientes forman el sector. 

La mujer no siempre quiere ser tan competitiva como el hombre
> P. ¿Cómo pueden competir las mujeres y al mismo tiempo mantener una familia?
> R. Hay una forma. Es la baja de paternidad. Los niños no solo los deben cuidar las madres, sino también los padres. Finlandia es un ejemplo. Cuando tienen un niño, ambos padres tienen una baja de 12 meses entre los dos. El padre debe tomar tres meses, la madre tres meses y el resto se lo distribuyen a su gusto. Esto cambia mucho la perspectiva sobre las mujeres en edad de tener hijos. Otro resultado interesante de estas medidas es que en Finlandia los científicos que toman estos tres meses para cuidar del bebé regresan a trabajar como mejores científicos, probablemente porque su cerebro tiene tiempo para funcionar libremente. Se liberan de las rutinas, de la presión y tienen mejores ideas.

Uno de cada cinco menores sufre abusos sexuales, aunque ...
El abuso sexual infantil puede llegar a afectar a entre un 15 y 20% de la población, especialmente del sexo femenino, y a pesar de ser un «problema social importante» suele mantenerse en secreto, ya que apenas se conoce un 2% de los casos.

miércoles, 10 de junio de 2015

Otra Francia, otro París

Su modelo último, en el fondo, es el emperador Augusto; no es un modelo cualquiera. Como sabrá, se conservan los discursos de Augusto en el Senado, y estoy seguro de que los ha estudiado atentamente. —Calló y añadió, cada vez más pensativo—: Podría ser una gran civilización, no lo sé… ¿Conoce Rocamadour? —me preguntó de repente, empezaba a adormilarme un poco y le respondí que no, no lo creía, o quizá sí, tal vez lo había visto en la televisión—. Tiene que ir allí. Está a solo veinte kilómetros; no se lo puede perder. La peregrinación de Rocamadour era una de las más famosas de la cristiandad, figúrese. Enrique II Plantagenet, Santo Domingo, San Bernardo, San Luis, Luis XI, Felipe IV el Hermoso…, todos se arrodillaron a los pies de la Virgen negra, todos ascendieron, de rodillas, las escaleras que conducen al santuario, rogando humildemente el perdón de sus pecados. En Rocamadour podrá hacerse una idea de hasta qué punto la cristiandad medieval fue una gran civilización.


[¿Recordáis que así se llama el hijo de la Maga, en Rayuela?]


Y lo que también sintió fue que la verdadera divinidad de la Edad Media, el corazón vivo de su devoción, no es el Padre, ni siquiera Jesucristo; es la Virgen María. Y eso también lo sentirá en Rocamadour…

El juicio moral, el juicio individual, la individualidad en sí misma no eran nociones comprendidas claramente por los hombres del románico, y también yo sentía disolverse mi individualidad, al hilo de mis ensoñaciones cada vez más prolongadas ante la virgen de Rocamadour.

Comentaba en primer lugar que, por una inexplicable omisión, Huysmans aún no había entrado en el catálogo de las ediciones de la Pléiade, a pesar de que era evidente que formaba parte del corpus de los clásicos de la literatura francesa; en eso no podía más que estar de acuerdo. Proseguía afirmando su convicción de que si había que confiar a alguien la edición de las obras de Huysmans en la Pléiade solo podía ser a mí, en virtud de la excelencia universalmente reconocida de mis trabajos.



Desapareció, probablemente para pedir que nos trajeran la bebida. Mi sillón se hallaba frente a una alta ventana antigua, de cristales separados por una celosía de plomo, que daba a las Arenas. Era una vista excepcional, creo que era la primera vez que tenía una panorámica tan completa del conjunto de las gradas. Sin embargo, al cabo de unos minutos, me acerqué a la biblioteca; también era impresionante.


El Bouguereau sobre la chimenea representaba a cinco mujeres en un jardín —unas vestidas con túnicas blancas, las otras casi desnudas— rodeando a un niño desnudo, de cabello rizado. Una de las mujeres desnudas se tapaba los senos con las manos; otra no podía, sostenía un ramo de flores silvestres. Sus senos eran bonitos y el artista había resuelto perfectamente los drapeados. El cuadro tenía más de un siglo y me parecía muy lejano, la primera reacción era quedarse boquiabierto ante ese objeto incomprensible. Lenta, progresivamente, uno podía intentar ponerse en la piel de esos burgueses del siglo XIX, esos notables con levita para los que se pintó ese cuadro; al igual que ellos, ante esas desnudeces griegas se podían sentir las primicias de una conmoción erótica, pero era un viaje en el tiempo trabajoso, difícil.